CINE: Rambo II (1985).

   La verdad ya tenía bastante rato sin ver una de Rambo, incluso se me figuraba que la segunda parte (de 1985) era una especie de “precuela”, por el escenario bélico de Vietnam (1969). 

Alberto Triana

EL BLOCKBUSTER COMO UNA DE LAS BELLAS ARTES… Muchos críticos señalaron en su momento que toda la saga de Rambo no era más que burda propaganda, ante la humillación militar vietnamita. Y ciertamente en la tercera se pasaron, hasta con la impresionante musculatura de Rambo (esa complexión se logra con unas 4 horas diarias en el gimnasio… por dos años, con varios botes de proteínas y suplementos vitamínicos al mes). Es en esta segunda parte a mi parecer, donde la saga como que encontró su equilibrio narrativo (incluso este Rambo se ve delgado, atlético, pero creíble). La primera en sí es un buen filme de denuncia, sobre el trato que se da a los veteranos de guerra, y las consecuencias de no saber reincorporarlos en una sociedad (psicótica) como la norteamericana, una mezcla entre The Deer Hunter con el cine de denuncia de Costa-Gavras.

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La segunda Rambo continúa con ese tono, con la visita del coronel Trautman (un genial Richard Creena, hasta parece que nació para este papel) a un campo de trabajos forzados (con un diálogo ante una auténtica máquina asesina, una década antes que Silence of the Lambs). Bueno, pues resulta que un programa informático determinó (?) que John Rambo era el indicado para la misión, a pesar de tener varios antecedentes penales y un oscuro pasado. Vemos así, desde el inicio, que Rambo es un anti-héroe (un héroe sucio, como Dirty Harry Snake Plissken o Han Solo), pero necesario para cumplir eficazmente objetivos militares. Porque dentro de su espectacularidad, el guion es inteligentísimo, todo funciona como un engranaje bien aceitado: la fotografía (para época), el casting, la edición… todo embona a la perfección.

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Si la primera cinta ya era notable, Rambo II se mueve en el extraño terreno donde las secuelas son incluso mejores a la primera.

Incluso Rambo pudo haber encontrado algún tipo de redención, la informante oriental era budista: quizá con el tiempo hubiera dejado las armas…

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Pero resulta que hay una potencia detrás de los vietnamitas, incluso el coronel ruso también trae a su matón… vamos, la antítesis, lo opuesto de Rambo, su némesis, ni más ni menos. ¿Anunciaba esta secuela (o precuela) al distraído público de mediados de los ochenta el reinicio de una nueva guerra fría que se creía superada?

La cinta habla por sí sola.

Pero a pesar de lo rudo del ambiente militar, esta presentación del villano es muy, muy sutil; quien quisiera buscarle 3 pies al gato encontraba en este filme interesantes lecturas geopolíticas.

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Quizá Rambo fue solamente un ingenuo al pensar que el Congreso autorizaría el uso de un mercenario.

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Pero de pronto, cuando la estaba viendo, la cinta adquirió (sin mucho esfuerzo) otra lectura para los actuales tiempos que corren: con americanos, rusos y orientales… el mundo tripolar, ni más ni menos. Y es que los 3 bandos estaban realmente enfermos (hasta los americanos, solo que daban la apariencia de ser más civilizados), pero el verdadero peligro (y esto lo recalca mucho el filme a la mitad) vino del bando de Rambo.

Porque la misión era en sí un auténtico sinsentido militar, quizá solo usaron a Rambo para provocar, para ir a tantear al enemigo, para ir a agitar el avispero de rusos y orientales, y de paso echar un vistazo a sus operaciones.

Otra cosa que a mí me gustó fue el marcado realismo: todos los casquillos saliendo del arma, el sonido característico de los rifles de asalto, los escenarios, la vegetación… es decir, Rambo está ahí, colgado del helicóptero, con una “fisicidad”, un realismo que ya quisieran muchos blockbusters actuales.

Ver el armatoste sobrevolar los arrozales, las tomas aéreas, explosiones, los recorridos, es algo que debió tener una planificación militar.

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Blockbusters modernos como Avatar no tienen nada qué decirle a Rambo.

SU LEGADO: Muy probablemente Rambo II (de Columbia Tristar) elevó el estándar de las cintas ochenteras, del mainstream hollywoodense (estaba el espectacular antecedente de The Terminator), se nota al ver lo que los estudios fueron ofreciendo después: Aliens, Predator, Die Hard… es decir, no solo era acción explosiva, había un guion bien trabajado (como si se tratase de un fisicoculturista), cuidado al extremo en sus detalles, la tensión planificada milimétricamente.

A fin de cuentas, Rambo II pertenece al reducido grupo de cintas en donde la secuela es mucho mejor que la primera.

Que no es poco.

 

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