Posible estrategia en Afganistán (2).

  La adicción al opio es endémica en Sar Ab. Para asegurar la paz será clave conseguir que los agricultores afganos dejen de cultivar drogas…

Robert Draper,

National Geographic

POR SIGLOS, EL OPIO FLOTÓ sobre Afganistán antes de envolverlo por completo. Aunque Alejandro Magno no pudo conquistar totalmente este escarpado flanco noreste del Imperio Persa, en el siglo cuarto antes de Cristo, se le debe a él haber dejado la droga que finalmente sí conquistó a ese imperio. El cultivo deliberado de amapola aparece en registros históricos de Afganistán hace apenas unos 300 años. Era un cultivo idóneo para los suelos arcillosos de Badajshán y la provincia de Nangarhar en el este, donde se cultivó por primera vez, ya que requería poca fertilización y lluvia, una temporada de crecimiento breve y las únicas habilidades necesarias eran sembrar semillas con la mano y hacer hendiduras.

Luego la amapola ocupó un nicho benigno en la cultura agraria del país a lo largo de los siglos XVIII y XIX, incluso cuando el dominio de India sobre el comercio del opio le abrió paso a Turquía y luego a las tierras altas del sudeste de Asia, gracias al reciente mercado para la heroína en Europa y Estados Unidos.

Solo a mediados del siglo XX Afganistán se volvió un exportador de opio. Luego, a petición de las naciones Unidas, a las que el país se unió en 1946, el rey Mohammed Zahir Shah interrumpió temporalmente el cultivo. Los agricultores de amapola de subsistencia en Badajshán  lo persuadieron de revocar esa decisión. Mientras tanto, los agricultores afganos se dedicaron a otros cultivos. Y así fue hasta la invasión soviética de 1979, cuando cambió el paisaje de Afganistán.

Ahora se cree que los talibanes tenían grandes reservas de opio cuando aplicaron su prohibición en el año 2000 y estaban restringiendo el suministro a propósito, con el fin de que subieran los precios.

El opio es haram (pecado), está prohibido por el islam, pero algunos mulás afganos postulan que consumirlo es haram, pero no producirlo. Otros mulás citan la salvedad del Corán referente a que un hombre hambriento puede comer carne prohibida para sobrevivir. Pero el director religioso de la provincia de Badajshán, Maulawi Abdul Wali, advertía: Tenemos una ley en el islam: cuando algo es ilegal, lo es de principio a fin. Si el cultivo de amapola es legal, ¿cómo controlamos el tráfico de opio? Lo que los talibanes están haciendo no es islámico. Su participación en la mafia de las drogas es prueba de que no quieren un gobierno verdaderamente islámico. Sólo quieren poder. 

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Se sabe que millones de dólares provenientes de los contribuyentes de Estados Unidos destinados a financiar proyectos agrícolas nunca llegaron, desaparecieron, de acuerdo con un oficial antinarcóticos local.

La principal dificultad es lograr armar una policía local en Afganistán, ya que los talibanes han saboteado constantemente a los servidores públicos, desde los asesinatos de Helmand.

Khwaja Mohammed, funcionario local, agradece las contribuciones de las ONG occidentales, pero advertía: Afganistán sigue en guerra. No podemos levantarnos. Si un país ha estado en guerra por 30 años, reconstruirse puede tomarle 80. Si los agricultores locales no continúan recibiendo ayuda, no se puede esperar que sigan sembrando droga.

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Durante unas inundaciones en Pakistán, los marines también prestaron labores de ayuda. También este país y la India son piezas en la producción de opio.

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Se sabe este mes de agosto, que el Talibán aumentó su control en un 40%. Y como en el año 2010, la mayoría se concentra en el sur del país, donde se da el mayor cultivo.

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El escenario entonces, no ha cambiado mucho desde el reporte de Robert Draper (allá por el año 2011).

Y uno de los lugares más peligrosos de manejar, es el Hindu Kush (en imagen), una cadena montañosa que cubre todo un corredor de cultivos de amapola para la producción de opio (cortando este corredor, se acabaría gran parte del financiamiento de los grupos talibanes).

Antigua estrategia de la Unión Soviética: podría seguir siendo útil (solo que muy peligrosa todavía), en el mapa las estrellas rojas marcan los puntos de mayor producción de opio (y por consiguiente, las regiones más vigiladas por el Talibán); mientras el círculo verde es el denominado Paso Khyber (cerca de Jalalaband), una salida (de opio y milicias) hacia la India y Pakistán.

Otra estrategia reciente consistía en entrar desde Riga y atravesar partes de Rusia (bajo permiso de Putin), cruzar Kazajstán, Kyrgystan, Tajikistán y entrar a Afganistán por el norte, Termez o Kunduz, en vez de llegar al aeropuerto de Kabul.

IMPORTANCIA HISTÓRICA RECIENTE: Afganistán fue como el Vietnam de la Unión Soviética, debilitando aún más a Moscú durante toda la década de los años 80. Aún cuando el presidente Trump ha dicho que ya no buscan “arreglar el país” (con fondos de la USAID), tan solo con el simple hecho de quitar a los talibanes es una ayuda incalculable para el país afgano.

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Es posible efectivamente, que la nueva estrategia sea con el general Mattis (en imagen), pues se comenta en algunos medios (Milenio, Infowars), que el general Kelly admite la dependencia americana del opio afgano (y también la actual Federación Rusa tendría ese problema, según el reporte de Robert Draper), lo cual daría motivos suficientes a los críticos, de señalar nuevamente de que Estados Unidos solo quiere controlar Afganistán por la droga.

Sí, Robert Draper es un periodista americano, pero el National Geographic es un medio neutral, confiable (también reconoce los avances de los rusos), por eso se resaltan en estas notas, el carácter progresista de este grupo de marines.

Imagen relacionada¿Y el futuro? Una pregunta difícil, porque fallan casi todos los pronósticos acerca del mundo contemporáneo. La futurología incluso atraviesa por una crisis, ha perdido incluso el prestigio que se le tenía. La identidad afgana, forjada durante miles de años por un mundo pequeño, sencillo, rústico y estático, se ve incapaz de abarcar toda la realidad que le rodea, una realidad que crece a un ritmo vertiginoso.

Y sin embargo, el futuro para Afganistán no deja de ser prometedor. Bien aplicada, esta fuerza militar podría despejar el camino para la nación afgana, liberarla del yugo de su tiranía. Las sociedades árabes también tienen una gran fortaleza interior, entrañan inagotables dosis de toda clase de fuerzas y albergan energías suficientes para reponerse de las derrotas más dolorosas y salir de las crisis más graves.

FUENTE: East County Californian /  Rolling Stone /  Washington Times.

*Robert Draper, National Geographic (febrero de 2011).

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