Peña: el enemigo en casa.

   La postura oficial sobre el espionaje a periodistas y activistas, que involucra al gobierno federal, sepulta la credibilidad de Peña Nieto y allana el camino a la alternancia en 2018. El presidente sigue sin entender que no entiende, coincide la opinión pública…

Gerardo Moyano / Espacio 4

   Peña parece no haber aprendido de los escándalos anteriores que lo han convertido en el presidente más impopular de la historia (reciente) de México. Adelantar que “no hay pruebas ni las habrá”, deslizar que alguien de su administración podría ser responsable del espionaje o sugerir que hasta él mismo puede ser espiado y que por eso “se cuida” de lo que habla por teléfono, confirman que el mandatario sigue “sin entender que no entiende” (según el término acuñado por The Economist).

“Son escándalos que han derrumbado la imagen perfectamente cuidada de Peña Nieto tuvo como candidato -un político enérgico dispuesto a trabajar en conjunto con otros partidos para modernizar y mover a México- y lo han pintado como un funcionario corrupto, que desconoce la realidad en que viven los mexicanos. Ese cambio es el resultado, en buena medida, del trabajo de los periodistas mexicanos que develaron los casos (de corrupción) y de los activistas y defensores que no han permitido que sean olvidados”, resume The New York Times (19/06/17).

En el mismo sentido, el director del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), Juan Pardinas (en imagen), una de tantas víctimas de los intentos de espionaje, señala: “… esto me habla de un gobierno que tiene sus prioridades enfermas, que tiene una profunda distorsión de la realidad y que vive en una burbuja, en un universo paralelo”. 

En un comunicado, decenas de organizaciones, activistas, medios y periodistas, exigen a Peña “investigaciones independientes, exhaustivas y transparentes”, así como “reformas necesarias para regular las facultades de vigilancia al estado de conformidad con los parámetros de derechos humanos y garantizando la rendición de cuentas”.

Esta vez, advierten, la sociedad no aceptaría una investigación “a modo”, como aquella de la Secretaría de la Función Pública (SFP) al mando de Virgilio Andrade, que “absolvió a Peña Nieto por el tema de la “Casa Blanca”.

“Insultante”, “indignante”, “amenazante”, “patético”, “abuso de poder”, “dictadura”, “hostigamiento sistemático”, “mecanismo de intimidación”, “mente cochambrosa”, figuran entre los calificativos que rondan al presidente Enrique Peña Nieto por el escándalo del espionaje a periodistas y activistas que sacude (una vez más) a su gobierno. Sin embargo, han sido sus propias declaraciones sobre el tema las que han atizado la indignación social y allanan el camino para la alternancia en las elecciones de 2018.

Pero en lugar de respetar fuentes de renombre como The New York Times (Artículo 19, Red en Defensa de los Derechos Digitales), Social Tic y la Universidad de Toronto, los cuales documentaron los ataques del Programa Pegasus, comprado por el gobierno mexicano a la empresa israelí NSO Group, o de anunciar una investigación independiente sobre las agencias de seguridad que tienen acceso al software, el mandatario mexicano prefirió amenazar a quienes han levantado “falsos señalamientos” contra su administración. Su rectificación no hizo más que agravar la tormenta.

FUENTE: Espacio 4 (agosto 2017) /  The New York Times. 

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