Sputnik-1.

Hace sesenta años una pequeña esfera que se veía como un balón de basquetbol de plata se convirtió en el primer objeto hecho por el hombre que llegaba al espacio, lanzado el 4 de octubre de 1957. La hazaña demostró el avance científico y tecnológico de la Unión Soviética y estimuló a Estados Unidos a intensificar su esfuerzo en la exploración espacial.

El Sputnik (“compañero de viaje” en ruso) apenas medía unos 22 centímetros de diámetro y tenía cuatro antenas largas sobresaliendo de su cabeza. La sonda de 83 kilogramos utilizó un faro de radio para enviar un sonido a la Tierra, mientras orbitaba el planeta cada 98 minutos.

El impacto del Sputnik puso en alto el prestigio de la Unión Soviética y atizó la ansiedad que provocó en sus enemigos durante la Guerra Fría. Sesenta años después, sin embargo, los historiadores creen que el impacto más trascendente de este primer satélite artificial fue el legado del logro increíble de la exploración espacial que inspiró en toda la especie humana.

Sin el Sputnik, así como con el logro Soviética de poner al primer hombre en el espacio (Yuri Gagarin en abril de 1961) se ha puesto en duda si los astronautas estadounidenses habrían caminado sobre la luna tan pronto como lo hicieron, o nunca. En cierto sentido, la victoria del Apollo 11, en julio de 1969, se puede remontar hasta el maravilloso y atemorizante momento del lanzamiento exitoso del Sputnik.

FUENTE: Etcétera / USA Today.

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