El bestseller discreto.

El secreto del alquimista es un simpático thriller que sigue la brecha abierta por Dan Brown. Sí, Scott Mariani sigue la moda de libros como El Código Da Vinci, con enigmas medievales, intrigas y sociedades secretas.

SINOPSIS: Ben Hope, un antiguo miembro de élite de las fuerzas aéreas británicas, se siente atormentado por una tragedia de su pasado y ahora se dedica a rescatar a niños secuestrados. Pero cuando lo contratan para hallar un antiguo manuscrito que podría salvarle la vida a una niña moribunda, se embarca en la búsqueda más letal de su carrera.

LA FACTORÍA DE IDEAS: Y para quien dude que los bestsellers pueden tener calidad literaria, vienen a continuación algunos fragmentos de la novela:

Camino a Rennes-le-Château:

   El viaje hacia París por la autoroute fue largo y caluroso. La autopista se interrumpía momentáneamente en Nevers, de modo que recorrieron la carretera nationale hasta Clermont-Ferrand antes de regresar a la autoroute 75 en dirección a Le Puy. El destino de Ben se hallaba mucho más al sur, en la región de Languedoc, donde conseguiría encontrar el rastro de Klaus Rheinfeld y confiaba en que haría algunos progresos en la búsqueda.

   En el siguiente cruce, Ben se desvió hacia la izquierda, arrnacando un chirrido a los neumáticos. Un camión viró para eludirlos y se estrelló contra un Fiat aparcado. El Fiat se interpuso, dando vueltas, en el camino del BMW en el momento preciso en que este doblaba el recodo en su persecución. El BMW asestó un golpe atronador al costado del coche desbocado, que salió despedido dando vueltas contra un muro al otro lado de la carretera. El BMW, con uno de los guardabarros abollado y el capó deformado, se recompuso y reanudó la persecución, adquiriendo velocidad.

   El BMW los perseguía obstinadamente, arrojando tierra a su paso.

   El Peugeot dobló corriendo una curva pronunciada. De repente un tractor llenó la carretera. Patinando descontroladamente sobre la superficie inestable, Ben consiguió dominar el coche y atravesar la endeble puerta de una granja. Esta se hizo de astillas como si fuera de madera balsa y el Peugeot se adentró en el campo, atravesó aquella abrupta superficie dando brincos y bajó una empinada pendiente. A continuación se escuchó un estrépito cuando se estrelló contra la ladera opuesta de la profunda zanja. El Peugeot rebotó y se detuvo.

   Ben empuñó la Browning y respondió al fuego. La pistola le dio una sacudida en la mano cuando la bala perforó el costado del BMW a diez centímetros de la cabeza del gordo. La joven se guareció a su lado.

Otro hombre salió detrás del BMW volcado. Empuñaba una pistola negra oblonga provista de un alargado cargador de culata y un grueso silenciador. La subametralladora Ingram disparó una ráfaga entrecortada que agujereó el costado del Peugeot, obligando a Ben a refugiarse cuando intentaba entrar en el coche. El tercer y cuarto tirador estaban saliendo detrás del BMW empuñando sendas pistolas y avanzando con cautela. El hombre de la Ingram disparó una nueva ráfaga, trazando una línea de polvo y piedras a la izquierda de Ben. Esto no marcha bien. 

EL ENIGMA DE LOS CÁTAROS: Mientras surcaba la agreste campiña siguiendo la D118 en dirección a Rennes-le-Château, Ben pensaba en lo que había leído del lugar en su nueva guía. Recordaba vagamente haber oído aquel nombre en un documental que había visto distraídamente en televisión, pero no había caído en la cuenta de que la otrora somnolienta aldea medieval se había convertido en una de las atracciones turísticas más sensacionales del sur de Francia. La guía aseguraba que se trataba de “un centro de gran importancia para los buscadores de tesoros sagrados y fenómenos mágicos. Aunque no crea en el ocultismo, las ideas cabalísticas, los OVNIs ni los círculos de las cosechas, no se puede negar el singular misterio de Rennes-le-Château (p. 297).

Scott Mariani (Opalworks 2007).

Grupo Océano 2010.

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