Futurismo conservador sobre América Latina (tercera parte).

  Chile muestra por qué es considerada una nueva economía emergente en América Latina.

Alberto Triana

Pero no nos engañemos, en Chile todavía se reprime abiertamente.

El impacto de las medidas económicas del presidente Pedro Pablo Kuczynski para revitalizar la economía desde que asumió el poder en julio fue mitigado por la investigación de corrupción de Odebrecht y las consecuencias inmediatas de las inundaciones. Las inundaciones y los deslizamientos de tierra en el primer trimestre mataron a más de 100 personas y afectaron a hasta 1 millón de personas de alguna manera, según el gobierno.

Las medidas económicas de Kuczynski, como la revisión del proceso de licitación de infraestructura, podrían elevar el potencial de crecimiento en el mediano plazo. La minería, la pesca y la agricultura respaldarán los fundamentos del crecimiento de Perú, dijo Rodríguez.

Adiós nacionalismo: Incluso las expectativas de Vasconcelos, si no se han derrumbado, quedaron postergadas, quizá por décadas.  Con tanta inversión extranjera, seguiría un cosmopolitismo natural en México, similar al de Buenos Aires el siglo pasado. Incluso podría ser demodé seguir siendo nacionalista.

Las democracias restringidas de América Latina. Con ajustes económicos o sin ellos, con planes ortodoxos o experimentos económicos “heterodoxos”, lo cierto es que al concluir la década de 1980 (la “segunda guerra fría”), el producto medio por habitante fue un 10% inferior al de 10 años atrás. Es el famoso “decenio perdido para el desarrollo”. Y en la actualidad cualquier país latinoamericano corre peligro de ver truncado su desarrollo. En el pasado, la nueva derecha (neoliberal) acentuó esta dependencia latinoamericana.

Ahora más que nunca, hay más peligros para América Latina, en el mundo tripolar (USA, China y Rusia). En México, por ejemplo, el dumping del acero chino está golpeando lentamente a varias regiones metalúrgicas.

Y está nuevamente el riesgo latente de que la región pierda importancia como en los años 80, en los campos comercial, financiero y de inversiones extranjeras directas. Puede volver el temible estancamiento con inflación, la fuga de capitales latinoamericanos hacia el exterior, atraídos por las tasas de interés (fuga acentuada por el offshore, el distrito financiero de Panamá).

La energía del error latinoamericano: El añorado desarrollo nacional autónomo no fue, en efecto más que una quimera, una ilusión. A mediados del siglo XX la economía latinoamericana no logró desarrollar un mecanismo autónomo de acumulación, puesto que esta siguió dependiendo de la dinámica del sector primario exportador y de sus avatares en el mercado internacional. Y encima la industrialización misma se desarrolló “por arriba”, en lugar de comenzar por los cimientos. Pese a algunos magros avances logrados en este período (que en México se llamó “desarrollo estabilizador”) es evidente que el sector productor de bienes de producción siguió siendo el “pariente pobre del proceso”; su raquitismo estaba determinado por su capacidad de importar maquinaria (como en la Argentina de Perón).

A pesar de las constantes luchas obreras en muchas partes de América Latina, las sociedades no hacen más que acumular contradicciones en todos los niveles. Ya sea con privatizaciones o nacionalizaciones, la región no logra encontrar cierta estabilidad, sometida a los vaivenes de poderosas fuerzas geopolíticas, económicas y financieras.

El desajuste del mundo: Las tesis de Maalouf advertían que las guerras, los conflictos se agudizan con la falta de recursos, pero vemos en esta década que no necesariamente es así. El escenario internacional es más complicado.

REVISIÓN DEL DERRUMBE VENEZOLANO…¿A dónde se fue el dinero? Los gobiernos autodenominados como izquierdistas no fueron progresistas en absoluto, con la base y el carácter ideológico de estos regímenes de nombre engañoso. 

    Petras y Veltmeyer se ocuparon de la región desde fines de la década pasada, cuando Amin Maalouf señaló la crisis internacional por el agotamiento de recursos, más que por ideologías o choques civilizatorios, y aunque llegaron a una decepcionante conclusión sobre los regímenes y gobiernos latinoamericanos, concluyen al final de su estudio (publicado en México por Lumen) que solo los gobiernos de izquierda (social) serían capaces de reactivar la región frente a los de la derecha (empresarial).

   Ambos autores señalan que en un principio los programas sociales venezolanos sí dieron como resultado una disminución simultánea de la desigualdad social, una reducción efectiva de las tasas de pobreza e indigencia. Esto fue durante 2002 y 2006. Al igual que en el caso mexicano, los beneficiarios de los beneficios fiscales del gobierno fueron (y siempre lo han sido) las multinacionales del sector de la agricultura, las élites exportadoras mineras y los “grandes grupos económicos”.

*La diferencia aquí y en otras partes de América Latina se debe a que en Venezuela las políticas macroeconómicas y sociales no fueron tan contraproducentes como suelen serlo. Es decir, la “nueva política social” de Venezuela no se opone a las políticas macroeconómicas neoliberales o socioliberales que están implantadas y que favorecen a los ricos y a los acaudalados. 

*Varios factores fueron responsables del ascenso y la relativa declinación de los movimientos sociales de Venezuela. En primerísimo lugar, la falta de cuadros políticos vinculados con las luchas populares, capaces de coordinar el descontento social. En segundo lugar, el aparato del Estado chavista es en gran parte, inoperante, ineficiente y plagado de vestigios hostiles de regímenes previos o chavistas recientes que son hostiles a la participación de las masas. En tercer lugar, el gobierno oscila entre subsidiar y promover la élite privada bancaria, agrícola, comercial y manufacturera, por un lado, y por el otro a proseguir con los cambios sociales.

En el caso venezolano, no se tenía la madurez social para este tipo de política de corte socialista, socialdemócrata, o socioliberal.

Una vez arrellanados en el Poder Ejecutivo y en el Legislativo, los políticos de centroizquierda se adaptan rápidamente a las normas de esas instituciones capitalistas y de sus prácticas políticas. El “modus operandi” implica un compromiso constante con la élite empresaria y bancaria, con los líderes políticos burgueses y con quienes trafican con influencias, todos los cuales llevan a los políticos de centroizquierda hacia la clase capitalista y los distancia del movimiento de masas.

Petras y Veltmeyer concluyen que al no estar bien cimentado el orden político en la mayoría de los países latinoamericanos, los mismos líderes llegan a un inevitable “divorcio” de la sociedad civil a la que tanto prometían ayudar. Pero no es una traición o un “defecto moral” del régimen, del gobierno, sino una “resocialización interna”… que empieza a orillar a estos mismos gobiernos a la corrupción y decadencia legislativa de estas operaciones parlamentarias.

Pero lo más grave es que la izquierda se sigue contentando con ilusiones de progreso, rehúsandose a criticar regímenes y proyectos que son “progresistas”, disfrazados o no, con el temor de que esta crítica puede inhibir el cambio en una dirección de izquierda o que se ayude a la derecha.

La crítica constructiva de los regímenes de izquierda latinoamericana es hoy, más necesaria que nunca.

Contra los demagogos. Otro de los frecuentes errores de la izquierda mexicana (y latinoamericana) es la de subestimar al “malvado imperialismo norteamericano”; en realidad puede llegar a surgir una verdadera cosmovisión capitalista, neoliberal, con todo un apoyo logístico (y económico) de la derecha empresarial estadounidense, en todos los campos y disciplinas del saber -economía, política, periodismo-, llegando a tener un gran poder de convicción, una auténtica doctrina en gestación. Nathan Glazer afirmaba: “La administración Reagan fue -caso único en la política estadounidense- una verdadera administración ideológica. Y uno no espera administraciones ideológicas en los Estados Unidos…”

Esto es porque Estados Unidos no está muy ideologizado, pero a pesar de todo, Glazer señalaba que había el germen de una doctrina (conservadora), que la izquierda no captó, segura de sí misma.

FUENTE: El Comercio (Perú) / Bloomberg.

Referencias:

*Nathan Glazer: The limits of social policy. Cambridge Massachusetts. Harvard University Press, 1988, página 36.

*Mauricio Schoijet: Límites del crecimiento y cambio climático. Universidad Buenos Aires-UAM Xochimilco. Siglo XXI Editores. México, 2007.

*James Petras & Henry Veltmeyer: Espejismos de la izquierda en América Latina. Lumen, México.

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