Triunfa la revolución, a un costo social muy alto.

Desde su exilio en Finlandia, Lenin seguía estos acontecimientos con creciente optimismo y el 7 de octubre regresaba a Petrogrado. Cuando dos días más tarde Kerenski ordenó a muchos destacamentos radicales que se retiraran de la ciudad, se propagó el rumor de que el gobierno proyectaba rendir la ciudad a los alemanes para impedir un golpe bolchevique. Como réplica, el Soviet de Petrogrado autorizó la creación de un Comité Militar Revolucionario (CMR) para hacerse cargo de las guarniciones, y armó a los obreros de las fábricas constituyéndolos en unidades de la Guardia Roja. Para entonces, los bolcheviques convocaban abiertamente a la rebelión, en desacato total al gobierno de Kerenski. Trotski corrió de fábrica en fábrica, de cuartel en cuartel, exhortando a los trabajadores y soldados a prepararse para la lucha, que no iba a ser solamente política, sino también armada.

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Guardias rojos inspeccionan documentos en Smolny. Octubre de 1917.

El 23 de octubre, sin un solo disparo, un destacamento de la Guardia Roja se apoderó de la antigua fortaleza de Pedro y Pablo, en Petrogrado. Con este suceso (aunque pocos lo advirtieron entonces) se iniciaba la Revolución bolchevique.

A las 11 P.M. del 24 de octubre, Lenin abandonó su escondrijo y se trasladó al Instituto Smolny. Insatisfecho con la marcha de la rebelión e inseguro de su mayoría en el Soviet, había dirigido un  llamamiento a la población dirigiéndola a la revolución. Pequeñas bandas de bolcheviques armados se desplazaban cautelosos por la ciudad sin encontrar resistencia. Los resortes del gobierno provisional se desmoronaban. A las 6 horas del 25 de octubre, la oficina central de teléfonos, el Banco del Estado, el Tesoro, la Central de Correos, la principal estación de ferrocarril y las centrales eléctricas de la ciudad estaban en manos de los bolcheviques. Y prácticamente no se había disparado aún un solo tiro, todo se había logrado con maniobras políticas.

El crucero Aurora, enarbolando la enseña roja de la insurrección, se hallaba fondeado en el río Neva. Sus cañones apuntaban directamente al Palacio de Invierno, donde Kerenski, indeciso, trataba de tomar la iniciativa. Poco después de amanecer el día 25, un funcionario resumía crudamente la situación: “No queda una unidad en la que pueda confiar el gobierno.” Esperando encontrar un ejército leal en las afueras, Kerenski abandonó el palacio poco antes de mediodía, y al fracasar su intento partió hacia el exilio. Lenin, dirigiéndose públicamente por primera vez al Soviet de Petrogrado, declaró triunfante: “El poder del Estado ha pasado a las manos del Soviet de Petrogrado. Viva la revolución de los trabajadores, soldados y campesinos.”

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Conforme las sombras descendían sobre la ciudad, tropas leales tomaron posiciones en el Palacio de Invierno y sus inmediaciones. A las 9:35 P.M. el crucero Aurora efectuó un disparo de advertencia y comenzó el bombardeo del palacio. Casi todos los oficiales que se hallaban en él se rindieron inmediatamente a los Guardias Rojos. Los bolcheviques irrumpieron en el palacio y obligaron a rendirse a las tropas del gobierno. A las 2:10 horas del 26 de octubre capitulaban los últimos ministros de Kerenski.

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Mientras tanto, en Smolny, se había inaugurado por fin el Congreso Panruso de los Soviets. Trotski respondió con insultos y desdén a las acusaciones de traición formuladas por los delegados antibolcheviques. “Son ustedes unos miserables fracasados”, gritó. “Su oportunidad ha pasado; váyanse adonde deberían estar: al Basurero de la Historia”. El Congreso, en el cual los bolcheviques detentaban la mayoría, refrendó la insurrección y autorizó la formación de un nuevo gobierno presidido por Lenin, con Trotski como Comisario del Exterior y Josif Stalin, partidario de las tesis de Lenin y primer director del Pravda, como Comisario de Nacionalidades.

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Acababa de nacer, por primera vez en el mundo, un gobierno que se definía como comunista (el término “comunista” lo había empleado por primera vez Lenin en abril de ese año).

PRIVACIÓN, MISERIA Y SANGRE: Tras la Revolución de Octubre, se registró una devastadora oleada de sangre, privación, miseria y muerte. Desde Petrogrado la rebelión se extendió rápidamente a otras ciudades. En Moscú un destacamento de cadetes leales a Kerenski se apoderó del Kremlin y exterminó a los Guardias Rojos que hizo prisioneros. El 29 de octubre los Guardias Rojos bombardearon el Kremlin. Cuatro días más tarde asaltaban la antigua ciudadela y aniquilaban el último reducto de oposición a los izquierdistas.

El futuro de la nación residía en la inmensa campiña. Solo asegurándose la lealtad de los campesinos podrían mantenerse en el poder los bolcheviques. Su primera medida fue cumplir la promesa de paz: en marzo de 1918, enfrentando a una dura oposición, Lenin obligó al gobierno a aceptar las gravosas demandas alemanas contenidas en el Tratado de Brest-Litovsk. Rusia perdió la provincia finlandesa, la Ucrania rica en trigo, sus territorios polacos y Estonia, Letonia y Lituania. Perdía Rusia un 34% de su población, el 90% de sus minas de carbón y el 32% de sus tierras cultivables (aunque posteriormente recuperaría gran parte de estas pérdidas).

Mientras, la nación se sumergía en una catastrófica guerra civil. Desencadenó el conflicto un ejército blanco (no comunista) de cosacos en mayo de 1918. Otros ejércitos blancos pronto se unirían a la contienda. Las potencias que habían sido aliadas de la Rusia zarista, temerosas del “contagio” revolucionario, establecieron lo que se denominó “el cordón sanitario” antibolchevique, es decir, un riguroso bloqueo marítimo, y enviaron armas y pertrechos a los ejércitos blancos para terminar apoyándolos con tropas.

En el este, Japón envió un ejército para ocupar puntos estratégicos en Siberia, donde se vieron también tropas estadounidenses. Los ingleses desembarcaron en el norte, y los franceses en el sur, en Crimea. En el oeste, el nuevo estado independiente de Polonia, ayudado por Francia, lanzó una ofensiva contra el Ejército Rojo. Durante más de tres años, Leónj Trotski, entonces Comisario de Guerra, se vio obligado a movilizar con rapidez y precisión sus limitadas fuerzas para conjurar cada nueva amenaza. Uno tras otro, a un costo incalculable, el Ejército Rojo derrotó a sus enemigos, lo cual demostraba que la fuerza de los bolcheviques se componía de una férrea voluntad.

Incluso la naturaleza parecía conspirar en contra de Rusia. En 1921 la sequía fue particularmente severa. Para alimentar al Ejército Rojo y a la población de las ciudades, los bolcheviques (denominados ya comunistas) confiscaron las limitadas reservas de grano de los campesinos, quienes lo apoyaban con reservas por odiar a los blancos.

Tras la muerte de Lenin, Stalin conseguiría después la expulsión de Trotski del Partido Comunista y su exilio. En 1940 Trotski moría asesinado en la Ciudad de México.

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Comentarios:

ExoSapiens: “¡La URSS fue maligna!” Es que su amada Roma esclavista y las Póleis xenófobas fueron a todo dar.

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