La maestra que viajó por el tiempo

Tomás Doreste

   A la señora Coleen Buterbaugh, natural de Lincoln, Nebraska, le sucedió en cierta ocasión algo fantástico, cuyos pormenores fueron investigados por el Dr. Gardner Murphy y aparecieron en el Journal of the American Society for Psychical Research, en octubre de 1966.

HISTORIAS DEL UNDERGROUND AMERICANO: La mañana del 3 de octubre de 1963, la señora Buterbaugh despertó a las 6:30 AM, como todos los días. Sirvió el desayuno a su esposo y asus cuatro hijos y a las 8:00 estaba ante su escritorio, en la oficina de Sam Dahl, rector de la Nebraska Wesleyan University. Durante 45 minutos pasó a máquina las cartas que le dictaron, y faltando poco para las 9:00, el rector le pidió que fuera a llevar un mensaje para el Dr. Tom McCourt, quien se encontraba en el edificio White.

Aunque le pareció extraña la petición del rector, pues podía transmitir el mensaje por teléfono, se dirigió al edificio contiguo, y mientras caminaba por el vestíbulo vio a unas jóvenes en su clase de orientación y escuchó el sonido de una marimba en la sala de música. Y entonces entró en la oficina ocupada por el Dr. McCourt.

En cuanto dio cuatro pasos en el lugar sintió un olor fuertemente desagradable, como si el lugar estuviera vacío desde hacía muchos años. También se dio cuenta de que todo estaba en silencio, como en un sepulcro.

Se dio cuenta en un instante de que no estaba sola: en un extremo del salón se erguía una mujer extremadamente alta, que vestía una blusa blanca de mangas largas y una falda oscura. tenía sus cabellos peinados formando un moño, al estilo del año de 1915. Daba la espalda a la señora Buterbaugh.

Por un momento, la aparición permaneció inmóvil. No era de ningún modo transparente ni parecía fantasma, y sin embargo la mujer supo que “no era nada real”, y entonces aquello, lo que fuera, desapareció. Pero todavía sintió la presencia de alguien más, que no podía ver, pero estaba segura de que era un hombre. Entonces se acercó a la ventana, para cobrar conciencia de la realidad. Pero solo vio unos árboles raquíticos, algo que parecía un edificio de pequeño tamaño, y nada más.

Sin detenerse a investigar por qué el panorama que veía desde la ventana no era el que ella conocía, la señora Buterbaugh salió corriendo del salón. Y al atravesar el dintel de la puerta volvió a escuchar los ruidos familiares. Los jóvenes seguían en su clase de orientación y los acordes de la marimba llegaban desde la sala de música.

Cuando regresó a su escritorio, tomó asiento, respiró profundamente y se preguntó a sí misma si no estaba loca. Por fin logró comunicar la extraña experiencia a la mujer. El rector se ocupó de averiguar quién era la extraña mujer que vio su secretaria, y después de mucho preguntar descubrió algo que lo dejó perplejo: desde 1912 hasta 1936, año en que murió, una tal Clara Urania Mills fue maestra de música en la universidad, especialmente interesada en cantos corales. Y buscando en los archivos encontraron una fotografía de la maestra, cuyas facciones eran una réplica exacta de la que la señora Buterbaugh vio esa mañana del 3 de octubre de 1963.

 

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