Roma: lo que pudo ser…

Alberto Triana

La idea de un gran thriller sobre Tlatelolco de la mano de este cineasta Alfonso Cuarón, es algo que dejó pasar la administración de Miguel Ángel Mancera, quienes autorizaron “Roma” sin haber aprobado, sin haber visto siquiera un solo guion (preliminar). Y es que volvemos a la misma cuestión narrativa: pueden tener a los mejores actores, fotógrafos, e incluso mejores directores (del mundo), pero sin un buen guion, sin buenos cimientos narrativos vamos, es imposible que salga un proyecto.

Sí, era otra vez volver al tema Tlatelolco, pero con este cineasta, Alfonso Cuarón, capaz de armar un filme complejo (Gravedad, Niños del hombre).

Así se justificaría plenamente la fotografía en blanco y negro (como algo propio de los años 60, el estilo visual de esa época) y encima así son las imágenes que conocemos sobre Tlatelolco (cerca del 95, 99%). Y ése sería el mensaje de la cinta: cuando hay toda esta desconexión social entre gobierno y sociedad civil devienen tragedias como la ocurrida en la Plaza de las Tres Culturas.

Porque en Tlatelolco (de Alfonso Cuarón) se verían retratados los estratos sociales: estudiantes, maestros, profesionistas, comerciantes, funcionarios. La sociedad mexicana llegando a un punto de quiebre.

Ahí sí se justificarían esos 110 días de rodaje, pues el Tlatelolco de Alfonso Cuarón habría sido un filme complejo, elaborado, un potente drama sobre la Ciudad de México con una fotografía en blanco y negro vanguardista.

A lo largo de la cinta se sentiría la tensión, de que ya va a estallar la represión. Sí, siento que Cuarón dejó ir una oportunidad narrativa: decía Octavio Paz que las desdichas históricas producen buena narrativa (novelas, películas).

Este cineasta, Alfonso Cuarón, fue capaz de esbozar, de filmar un desastre en el espacio (ciencia ficción casi no es: el escenario es actual, más bien Gravedad es una gran cinta de desastres); pero en México, Cuarón fue incapaz de ampliar el escenario que Jorge Fons ya planteaba en Rojo Amanecer (sobre unos estudiantes e inquilinos encerrados en unos departamentos aledaños a la Plaza de las Tres Culturas donde ocurrió la represión estudiantil de Tlatelolco en 1968); cierto es que en esa época (de fines de los años ochenta) todavía era un tabú el tema (a 20 años de distancia, para que vean lo lento que avanza el devenir mexicano), y por cuestiones presupuestales, dicho escenario de Rojo Amanecer era muy limitado, pero era algo que debía ser superado.

Sí, era la oportunidad de Cuarón, tenía todas las piezas a su favor: aniversario 50 de Tlatelolco, apoyo del IMCINE y del gobierno capitalino, mucha gente que iba a querer colaborar con entusiasmo, con este importante cineasta, Alfonso Cuarón. Ahí se justificarían esos 110 días de rodaje (el canadiense James Cameron era muy eficente durante el rodaje de ALIENS en una central eléctrica de Inglaterra a mediados de los 80).

A lo que voy es que si los medios mexicanos siguen siendo cómplices de Roma allá ellos: la historia mexicana pasará factura (a ver cómo la ven en las siguientes décadas).

Sí, los Cuarón están siendo sobrepasados en drama, personajes, producción, diseño (sí, el glorioso diseño mexicano que tanto presumen)… y ésa es una de las lecciones involuntarias de Roma, Museo, Desierto y demás proyectos artesanales pero que no trascienden.

En fin, Roma no es el Gran Suceso Fílmico que anunció la administración de Miguel Ángel Mancera. Sí, ya vimos su desdén por el norte de México, pero su artesanía azteca no es el “Gran Referente Nacional” que pregonan los medios, periodistas de espectáculos y crítica “especializada”: Roma es un gran retroceso fílmico sobre todo si tomamos en cuenta la ruptura que se dio con Amores Perros allá por el año 2000.

Sí, porque lo más lamentable es que Roma hace que también dudes de Desierto, la cinta (¿independiente?) de Jonás Cuarón (por ahí Julio Patán la comparaba en Milenio con Night of the Living Dead… lo que hay qué ver). Sí, el caprichito de Cuarón hunde a su hijo Jonás, de manera cuasi-bíblica, lo arrastra en la ignominia creativa, narrativa: ni un flashback explicando cómo los migrantes mexicanos llegaron hasta ahí, ni un flashback explicando cómo el oficial mexicano de la patrulla fronteriza cayó en el alcoholismo.

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