El primer Hombre de Negro

Antonio Ribera

   El público suele pedir pruebas de la existencia de los OVNIs, consistentes en fragmentos de los mismos o en objetos que pudieran haber caído de ellos. En general, se cree que tales pruebas no existen. Nada más lejos de la verdad: existen, y en cantidad apreciable.

Uno de los primeros casos conocidos de la “caída de materiales” se registró nada menos que coincidiendo con la célebre oleada norteamericana del verano de 1947, “desenterrada” veinte años después por Ted Bloecher.

HISTORIAS DEL UNDERGROUND AMERICANO: Tres días antes de la sensacional observación de Kenneth Arnold, realizada como es sabido el 24 de junio, seis “platillos voladores” sobrevolaron la isla Maury, sitada a cinco kilómetros mar adentro de Tacoma (Washington). Una verdadera lluvia de fragmentos metálicos cayó en pleno día sobre la lancha guardacostas que, al mando de Harold A. Dahl, patrullaba junto a la punta meridional de Puget Sound. Los fragmentos procedían de “seis máquinas de enormes dimensiones, que tenían forma de donut“, que obligaron a Dahl, su hijo quele acompañaba, y su perro, a refugiarse bajo la saliente de la costa. Sin embargo, uno de los fragmentos alcanzó al perro y lo mató. Otro hirió en un brazo al hijo de Dahl.

A partir de aquí el caso se complica. Dahl dio parte de lo ocurrido a su superior, Fred L. Chrisman, quien no le creyó. pero más tarde Chrisman fue en persona a la isla para ver las veinte toneladas de material que se calculó habían caído de los extraños aparatos.

Así las cosas, intervino en el caso el propio Kenneth Arnold, a petición de una revista de Chicago. Dahl recibió la visita de un misterioso caballero vestido de negro (uno de los primeros MIB que registra la crónica ufológica), quien le pidió que olvidase lo que había visto en la isla Maury, sin que Dahl comprendiese cómo podía haberse enterado. Arnold ya se había puesto en contacto con Chrisman, convencido ya plenamente de lo que había visto a su subordinado… porque él mismo vio un aparato idéntico a los descritos por Dahl, en la visita de inspección que efectuó a la isla dos días después.

A la vista de toda esta evidencia, Arnold decidió telefonear a los servicios de información militares. Habló con un teniente, Frank Brown, el cual, en compañía del capitán Dawson, se presentó en Tacoma el 31 de julio.

Ambos militares, que habían venido en un avión B-29 (en imagen), se llevaron en el mismo aparato, una caja con fragmentos del metal desconocido. A la mañana siguiente se supo que el B-29 se había estrellado veinte minutos después de dejar el aeropuerto, en Kelso, en el mismo estado de Washington. Entre los restos del avión no se encontró ni un solo fragmento del extraño metal. 

Posteriormente, los servicios de información militares trataron de acallar a los testigos del caso, Arnold incluido. Al no conseguir que Chrisman y Dahl declarasen que habían urdido un fraude, ambos hombres recibieron un nuevo e ignorado destino, despareciendo sin dejar señas. Ningún investigador consiguió localizarlos después.

En todo este extraño asunto parece ser que intervino varias veces el misterioso “Hombre de Negro” que apareció al principio.

FUENTE:

*Antonio Ribera: Máquinas del cosmos. Editorial Planeta. Colección Documento. Barcelona-México, 1983.

This entry was posted in Uncategorized. Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s