Los OVNIs de Henry Durrant (segunda parte).

   A veces se tiene la impresión de que una fuerza exterior ha marcado con símbolos cientos de rocas de la Tierra y que lo ha hecho desde muy lejos. Parece inaceptable que los habitantes de Asia, de Escocia y de América hayan concebido todos el mismo sistema. Las impresiones de las rocas y glifos parecían simples círculos, otras, figuras más elaboradas. Se encuentran también en todas partes: Inglaterra, Francia, América, Argelia, en el Cáucaso y en Palestina. En China, los acantilados y cuevas están sembrados de ellas. En Italia, España y en la India se encuentran en cantidades increíbles. Supongamos que una fuerza análoga, digamos a la fuerza eléctrica, puede marcar las rocas o terreno desde lejos, como el selenio puede ser marcado, a cientos de kilómetros por los telefotógrafos.

EXPLORADORES PERDIDOS, VENIDOS DE OTROS MUNDOS: Desde lugares como Nazca o la isla de Pascua se intenta comunicar con ellos, y una lluvia de mensajes cae sobre la Tierra, con la esperanza de que algunos de ellos marquen las rocas y el terreno en un lugar próximo a los exploradores extraviados. También es posible que en algún lugar de la Tierra exista alguna superficie rocosa de algún género muy especial, algún receptor, una construcción egipcia, babilonia, sumeria o polar, alguna colina abrupta y cónica en la cual, desde hace siglos, se inscriben los mensajes de otros mundos.

Pero a veces estos mensajes se pierden y marcan paredes o terreno situado a miles de kilómetros del receptor. Acaso las fuerzas disimuladas detrás de la Historia de la Tierra han dejado en las rocas de Palestina, de China y de la India archivos que algún día serán descifrados, o quizá instrucciones mal dirigidas a las órdenes esotéricas, a los masones y jesuitas del espacio.

A estas alturas, ninguna imagen es demasiado loca, ninguna hipótesis demasiado audaz, en la frontera de la ciencia. Hay quizá, máquinas volantes, exploradores del espacio.

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NAZCA: AEROPUERTO EXTRATERRESTRE. Piedras y terreno esculpido, con marcas y señales. ¿Y si desde otros mundos intentan de esta forma comunicarse con nosotros, o al menos con algunos de nosotros? Con una secta o al menos con una sociedad secreta, o tal vez con ciertos habitantes muy esotéricos de esta Tierra. Hay docenas de casos con estas tentativas de comunicación.

¿Y si hubiésemos sido visitados en el pasado remoto? ¿Y si fuese falsa la paleontología? ¿Restos de seres gigantescos, o posibles visitantes fuera de nuestro planeta?

A despacho de su prudentísima actitud, el profesor John Alden Mason, Curator Emeritus del Museo de Antigüedades Americanas de la Universidad de Pensilvania, en su obra The Ancient Civilization of Peru, abre la puerta al realismo fantástico cuando habla de quipos (cuerdas que presentan nudos complicados, que se encuentran entre los incas y los preincas). Se supone que se trata de un medio de escritura, que servía para expresar ideas o grupos de ideas abstractas. Uno de los mejores especialistas en el estudio de los quipos, Nordenskiöld, ve en ellos cálculos matemáticos, horóscopos, diversos métodos de previsión del porvenir. El problema es capital: pueden existir medios de un registro de pensamiento distintos de la escritura.

Pero no vayamos tan lejos: el nudo, base de los quipos, es considerado por los matemáticos modernos como uno de los más grandes misterios. Sólo es posible en un número impar de dimensiones; es posible en el plano y en los espacios superiores pares: 4,6,2 dimensiones; y los topólogos sólo pudieron estudiar los nudos más simples. No es pues, improbable, que en los quipos se hallen inscritos conocimientos que nosotros aún no poseemos.

Otro ejemplo: la reflexión moderna sobre la naturaleza del conocimiento y las estructuras del espíritu podría enriquecerse con el estudio de los indios hopis de América Central. Su lengua se presta más que la nuestra a las ciencias exactas. No se compone de palabras-verbos y de palabras-nombres, sino de palabras-acontecimientos, las cuelas se adaptan así más estrechamente al continuo espacio-tiempo en que sabemos que ahora vivimos. Más aún, la palabra acontecimiento tiene tres modos: certidumbre, probabilidad, imaginación. En vez de decir: Un hombre cruza el río en canoa, el hopi empleaba el grupo hombre-río-canoa, en una de 3 combinaciones diferentes, según se trate de un hecho observado por el narrador, contado por otro o hasta soñado.

El hombre realmente moderno, en el sentido que da a esta palabra Paul Morand, y que le damos nosotros mismos, descubre que la inteligencia es una, bajo estructuras diferentes, de la misma manera de vivir bajo techado es una, manifestada en mil arquitecturas. Y descubre que la naturaleza del conocimiento es múltiple, como la Naturaleza misma.

Es posible que nuestra civilización sea el resultado de un prolongado esfuerzo para obtener de la máquina poderes que el hombre antiguo poseía: comunicarse a distancia, elevarse en el aire, liberar la energía de la materia, anular el peso, etc. También es posible, que al llegar al extremo de nuestros descubrimientos, advirtamos que aquellos poderes pueden manejarse con un equipo tan reducido que la palabra máquina cambiará de sentido. Habremos ido, en este caso, del espíritu a la máquina y de la máquina al espíritu, y algunas civilizaciones remotas nos lo parecerán mucho menos.

No se sabe y no poseemos ninguna explicación satisfactoria de los orígenes de tales civilizaciones. Algunas leyendas bolivianas recogidas por Madame Cynthia Fain y que parecen remontarse a más de 5 mil años, se refieren a un conflicto con una raza no humana cuya sangre no era roja y que acabó con su civilización (Editorial Arthaud, París).

DESVARÍO SOBRE LOS MUTANTES: Hemos procurado reunir hechos que un historiador “normal” rechazaría con cólera u horror. Nos hemos convertido, según la linda frase de Maurice Renard, en “amantes de lo insólito y escribas de milagros”. Esta clase de trabajo no siempre es cómoda para el espíritu crítico y racional. A veces nos hemos tranquilizado pensando que la teratología, o estudio de los monstruos, donde se inspiró el profesor Wolff a despecho de los “sabios razonables”, puso en claro más de un aspecto de la biología.

Arthur Machen lo expresaba vigorosamente: “A nuestro alrededor existen sacramentos del mal, como existen sacramentos del bien, y creo que nuestra vida y nuestros actos se desarrollan en un mundo insospechado, lleno de cavernas, de sombras y moradores crepusculares”.

Sí, ciertos textos de Machen resucitan un saber olvidado por los hombres y que, no obstante, es indispensable para una correcta comprensión del mundo.

FUENTE: Código Oculto.

 

 

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