La Parapsicología y los OVNIs (primera parte)

Yvonne Castellán /  Buenos Aires

El crítico literario Albert Béguin sostenía que el francés Balzac era un visionario más que un observador, tesis que a la vista moderna parece exacta, puesto que en una novela admirable, Le Requisitionnaire, Balzac prevé el nacimiento de la parapsicología, que se realizará en la segunda mitad del siglo XX (con Jung), e intentará fundar como ciencia exacta el estudio de los “poderes psíquicos” del hombre.

A la hora precisa en que Madame De Dey moría en Carentan, su hijo era fusilado en el Morbihan. Podemos sumar este hecho trágico a todas las observaciones sobre las simpatías que desconocen las leyes del tiempo y el espacio: documentos que coleccionan con sabia curiosidad algunos hombres solitarios como Charles Fort y que servirán un día para asentar las bases de una ciencia nueva a la que falta hasta el día presente un hombre de genio.

Se sabe que una vez al mes Conan Doyle venía de Londres a visitar a Flammarion en el Observatorio de Juvisy y a estudiar con el astrónomo fenómenos de evidencia, de apariciones y materializaciones, por cierto bastante dudosas: Flammarion creía en los fantasmas y Conan Doyle coleccionaba fotografías de hadas.

Víctor Hugo había dicho, formidablemente, en su desconcertante estudio sobre William Shakespeare: “Todo hombre lleva su Patmos dentro de sí. Es libre de subir o no subir a este terrible promontorio del pensamiento, desde el cual se perciben las tinieblas. Si no va a él, permanece en la vida ordinaria, en la duda ordinaria, y así está bien. Para el descanso interior es sin duda lo mejor. Si se sube a la cima, queda preso en ella. Se le aparecen las profundas olas del prodigio. Y nadie puede ver impunemente aquel océano… se obstina en el abismo absorbente, en el sondeo de lo inexplorado, en el desinterés de la tierra y de la vida, en la entrada de lo prohibido, en el esfuerzo por palpar lo impalpable, por mirar lo invisible; y vuelve allí, y vuelve de nuevo, se abalanza, da un paso, después dos, y así es como uno penetra en lo impenetrable, así es como uno avanza en el ensanchamiento sin límites de la condición infinita.”

La experimentación parapsicológica parece demostrar que existen, entre el Universo y el hombre, relaciones distintas de las establecidas por los sentidos habituales. Todo ser humano normal podría percibir los objetos a distancia o a través de los muros, influir en el movimiento de los objetos sin tocarlos, proyectar sus pensamientos y sus sentimientos en el sistema nervioso de otro ser humano y, en fin, conocer a veces el porvenir.

Sir H.R. Haggard, escritor inglés muerto en 1925, en su novela Maiwa’s Revenge, hace una descripción detallada de la evasión de su héroe, Allan Quatermain. Éste es capturado por los salvajes cuando escala una pared rocosa. Sus perseguidores le tienen agarrado por un pie: él se libra disparándoles un pistoletazo paralelamente a su pierna derecha. Algunos años después de la publicación de su novela, se presentó un explorador inglés en la casa de Haggard. Vino especialmente de Londres para preguntar al escritor cómo había podido enterarse de todos los detalles de su aventura, pues no había hablado de ella con nadie y quería ocultar aquella muerte.

Charles Richet decía que la metapsíquica era la ciencia que estudiaba todos los fenómenos que parecen deberse a fuerzas inteligentes desconocidas, incluyendo entre esas inteligencias desconocidas los sorprendentes fenómenos intelectuales de nuestros inconscientes.

Emile Boirac, miembro correspondiente del Instituto Rector de la Academia de Dijón, presentó en 1911 ante la Academia de Ciencias La psychologie inconnue. Esta obra, sutil y precisa, avanza paso a paso por un terreno peligroso. Aunque no innova, aunque se reconoce en ella la herencia de Reichenbach, de Rochas y hasta de Flammarion y Maxwell, gracias a su habilidad Boirac renueva las posiciones a favor del magnetismo animal y del espiritismo, considerado por lo menos hipótesis de trabajo.

Según Boirac, los fenómenos paranormales se agrupan en 3 categorías:

  1. Los fenómenos hipnoides que ya pertenecen al hipnotismo científico. Tales son los casos, antes espiritistas, de desdoblamiento de personalidad cuya manifestación más común es la escritura automática.

2. Otra serie de hechos, muy discutidos, implica una acción a distancia de un organismo viviente sobre otro, acción diferente de la sugestión y del sueño hipnótico, pero acción de orden natural, eventualmente de tipo científico. Se trata de una manifestación del magnetismo animal.

3. Los fenómenos espiritoides, finalmente se deben exclusivamente a una inteligencia desconocida, irreductible al orden científico. Se trata de un terreno enteramente oculto para la ciencia convencional.

¿La creencia en los espíritus? La imagen paterna, símbolo del súper-yo poderoso y tiránico origina el culto a los antepasados, de los padres muertos que cada uno siente vivir en sí mismo, no pudiendo, por lo tanto, creerlos verdaderamente muertos. Objetivados por los sueños, las alucinaciones y los trastornos psicopáticos, los Espíritus de los Muertos son complejos disociados de la conciencia que los ha perdido.

LOVECRAFT Y LOS EXTRATERRESTRES: Además de los espíritus, las sociedades primitivas y la filosofía oculta creen en la existencia de seres fragmentarios, de espíritus extrahumanos, de demonios elementales; éstos estarían vinculados con los complejos del inconsciente colectivo.

Dicho inconsciente colectivo resume en el individuo, las etapas anteriores de la evolución, fondo oscuro y terrorífico, probablemente infrahumano. Por eso es que los elementales son casi siempre maléficos u horribles; mientras los espíritus son buenos o malos según las relaciones que cada uno tiene con su imagen paterna.

En un breve estudio de 1952, Jung abandona bruscamente el terreno del psicoanálisis y trata de dar, en un nivel metafísico, una respuesta a los problemas que él mismo ha planteado anteriormente. Así, nuestro universo físico formaría parte de un universo más vasto, armónico, con respecto al nuestro. Los conocimientos y poderes supranormales no serían sino la captación de ese universo más vasto: coincidirían con los hechos de nuestro mundo debido a la sincronicidad armónica.

NÚMEROS DE LA MUERTE: El aterrizaje del Soyuz 11 fue completamente automático , desde el despliegue del paracaídas hasta el lanzamiento de cohetes de aterrizaje suave con combustible sólido en la base del módulo de descenso. Eran las 2:16 am hora de Moscú cuando el vehículo llegó a  tierra firme . Los tres cosmonautas habían batido el récord anterior de resistencia espacial de 18 días, establecido por otro equipo de la Soyuz en 1970, y casi habían duplicado el récord de Estados Unidos de Géminis 7.

PERO no todo andaba bien… fueron recibidos con noticias de una catástrofe, en forma de tres Números: 1-1-1. Esos números hablaban de algo ineludiblemente trágico … toda la tripulación estaba muerta.

Un sistema de cinco números, explicó Yeliseyev más adelante, funcionó de 5 a 1 para explicar la salud de un cosmonauta : esto denota que estaba en excelentes condiciones (5), que estaba en buenas condiciones (4), que había sufrido lesiones (3), que las lesiones fueron de naturaleza severa (2) y que fueron fatales (1). Había un número para cada miembro de la tripulación.

El triple “1” significaba que los tres estaban muertos. Inmediatamente, Yeliseyev, Kamanin y el veterano cosmonauta Vladimir Shatalov fueron trasladados directamente al lugar de aterrizaje en Kazajstán para ver por sí mismos lo que nadie podía creer que fuera verdad.

“En apariencia, no hubo daño alguno”, recordó Kerim Kerimov, presidente de la Comisión Estatal. “Golpearon a un lado, pero no hubo respuesta desde dentro.

Cuando los técnicos fueron a abrir la escotilla de la nave, vieron a los tripulantes sonriendo, pero ninguno de ellos se movió, ni siquiera levantaron la mano para saludar. Todos habían muerto.

Pese a que hay una explicación científica razonable, aún existen muchas dudas de porqué sonreían los astronautas muertos después del aterrizaje automático de la nave. El accidente del Soyuz 11 que se cobró la vida de 3 cosmonautas, por sí solo ya sería bastante perturbador, terrible y sorprendente, sin la necesidad adicional de agregar sonrisas fuera de lugar.

Y se ha visto que los fenómenos supranormales parecen trascendentes al tiempo y al espacio, es decir, ajenos a toda relación de causalidad en el sentido que actualmente entendemos. No busquemos entre estos hechos una función psi. En el terreno supranormal, nada es causa de nada; el universo en su totalidad marcha con el mismo paso, en una armonía suprema que a veces nos es dado percibir, en interferencias y coincidencias.

Pero esto ya no es una conclusión metapsíquica.

 

Referencias:

*Carl Gustav Jung: La guérison psychologique. Librairie de l’Université, Ginebra, 1953.

*Emile Boirac: La psychologie inconnue. Obra laureada por la Academie des Sciences, Premio Embden. París, 1920.

*Papus: A,B,C d’occultisme. París, Dorbón ainé, 1919.

*Pawels & Bergier: Algunos años en el más allá absoluto, segunda parte de El retorno de los brujos. Gallimard, 1960.

 

Ver también:

Los OVNIs de George Adamski:

BASE OSNI EN MANABÍ, ECUADOR: Archivos desclasificados reúnen testimonios del ejército de Ecuador, donde describen una especie de base extraterrestre frente a las costas de la provincia de Manabí, Ecuador. Según ufólogos, el gobierno tiene conocimiento de esta base submarina. En estas costas siempre se han reportado avistamientos de objetos voladores y objetos submarinos no identificados (OVNI y OSNI, respectivamente) desde 1979.

 

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