Mormones: la resistencia moral

Javier Sicilia / Proceso

La masacre sufrida por la comunidad Le Baron el pasado lunes 4 de noviembre no solo es una nueva punta del iceberg de la tragedia humanitaria y la emergencia nacional que vive el país desde hace más de una década. Es también la consecuencia de la traición a la agenda de justicia y paz con la que el presidente López Obrador se comprometió como mandatario electo.

La comunidad mormona de los Le Baron —fundada por Alma Dayer Le Baron en 1924, en las montañas de Chihuauha, a 13 kilómetros de la cabecera municipal de Galeana y a 300 de la capital del estado— es un referente de la grandeza de la vida autárquica y comunitaria. Lo es también de la dignidad y la resistencia moral.

En 2008, ante la negativa de someterse a los designios del crimen organizado y de sus vínculos con las autoridades del estado, los Le Baron se pusieron en estado de defensa. En represalia, el 2 de mayo de 2009 los criminales secuestraron a uno de sus miembros, por el que pidieron 1 millón de dólares.

Pero los Le Baron no eran los primeros en sufrir esos crímenes. Encabezados por Benjamín Le Barón, se negaron a pagar el rescate, tomaron la plaza del municipio, exigieron a las autoridades hacer su trabajo y lograron que los captores liberaran a Erick.

Poco tiempo después, Benjamín puso a la comunidad en estado de autodefensa y creó la Sociedad Organizada Segura (SOS). El 12 de junio el Ejército detuvo a 25 de los secuestradores en Nicolás Bravo, municipio de Madera, camuflados de soldados.

En respuesta, la madrugada del 8 de julio, 20 hombres vestidos de militares entraron brutalmente en casa de Benjamín, lo golpearon, lo torturaron, vejaron a su mujer delante de sus 5 hijos y finalmente se lo llevaron junto con su cuñado, Luis Widmar Stubbs, que salió en su auxilio. Los asesinaron a 50 km de su casa. A la entrada de la comunidad, los criminales dejaron una manta: “Para los Le Barón que no creen, para que ahora sí crean. Va como venganza por los 25 jóvenes levantados.”

Yo seguí aquella lucha en la prensa con indignación, asombro y admiración. Allí, en esa comunidad en el norte del país estaban expresados de otra manera las posiciones de las comunidades zapatistas del sureste del país.

A raíz del asesinato de mi hijo Juan Francisco y de seis de sus amigos, en marzo del 2011, en Morelos, en el momento en que iniciábamos el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD), llegó Julián Le Baron, quien a raíz del asesinato de Benjamín lo había sustituido en liderazgo.

A partir de ese momento, Julián Le Baron tomó su lugar en el MPJD y poco a poco su carisma, su capacidad de llamar a las cosas por su nombre, lo volvieron una voz fundamental: llevó la bandera de México a lo largo y ancho del país, hablando con claridad en cada ciudad visitada, en cada templete levantado. Le decía a la gente lo mismo que hoy ha vuelto a repetir: No esperen que el gobierno ponga fin a la violencia, somos nosotros los que debemos organizarnos.

Un día después de los diálogos con Calderón, con el Legislativo y con los candidatos de entonces a la Presidencia de la República, Julián Le Baron me buscó para decir que se retiraba del Movimiento porque los diálogos no conducían a nada; los gobiernos mienten y están llenos de corrupción.

No se equivocó: la injusticia, la inseguridad y la impunidad se habían ido acumulando de administración en administración hasta llegar a la masacre del 4 de noviembre.

Después de esa tragedia, Le Baron dijo en Twitter que seguir tolerando gobiernos como los que hemos tenido y tenemos, gobiernos que consienten al crimen, es responsabilidad de los 130 millones de mexicanos.

Julián Le Baron tocó una herida profunda: la condición casi bovina a la que nos han reducido el crimen y la ilusión de que la 4T —que durante el año de su administración lleva sobre sus espaldas cerca de 30 mil asesinados y la masacre del 4 de noviembre— terminará con el horror.

Ver también:

PRESAGIOS MILENARISTAS SOBRE CALIFORNIA: Según Harold Bloom en su libro Presagios del milenio (1996) para estos años viene precisamente el cisma de los Mormones, en el cual una parte intentaría irse a California y la otra quedarse en Salt Lake City (Utah). Una disculpa (como periodista), este libro de Harold Bloom lo vi apenas hace unos 3 años, además de que está densísimo (aunque no es imposible entenderle).

Pues circulan en la red explicaciones para quienes busquen información sobre los incendios de California en “Conspiracy 2018” (Conspiración 2018), “Directed energy weapon” (Arma de energía dirigida) y “Laser beam” (rayo láser).

En otros videos, expertos en fuego aseguran que los incendios de California “no son normales” y que “fueron resultado de una tecnología llamada armas de energía dirigidas”.

Pues van solos, sin Harold Bloom, justo a 13 años de su fatídica predicción para los años 2030 a 2033 (Alberto Triana).

 

 

 

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