Del Río, sabio descubridor del vanadio

Alberto Triana

HISTORIA OLVIDADA: México cuenta con un sabio de quien muy pocos se acuerdan, a pesar de haber sido el descubridor del elemento 23 de la tabla periódica de Mendeleyev y autor de numerosos hechos cuya fama el tiempo se ha encargado de empañar.

En 1801, estando analizando minerales en lo que hoy es el estado de Hidalgo, Andrés Manuel Del Río descubrió un mineral de plomo pardo el cual contenía un nuevo elemento, que bautizó con el nombre de eritronio, por el color vivo de sus sales.

Del Río publicó por primera vez el descubrimiento en las Tablas mineralógicas que aparecieron en México 3 años más tarde. Pero antes, en ocasión del viaje que en 1802 hizo a México Alexander von Humboldt, le confió varias muestras del elemento. Cuando regresó a París, el famoso viajero encargó el estudio de las muestras al químico francés Collet-Descotils, quien en 1805 dio a conocer el resultado en los Annales de Chimie.

EL QUÍMICO QUE SE EQUIVOCÓ: Por desgracia para Del Río, el químico francés cometió una seria equivocación, y llegó a la conclusión de que las muestras recibidas no contenían ningún elemento nuevo, aquello era tan solo cromo, elemento 24 en la ya citada tabla periódica.

Von Humboldt comunicó la noticia al mexicano, quien deslumbrado y aturdido por el prestigio de los 2 sabios europeos, aceptó el fallo adverso, y abandonó por un tiempo su pretensión de haber descubierto un nuevo elemento.

UN SUECO VUELVE A DESCUBRIRLO: Habían pasado 25 años de estos acontecimientos, cuando en 1830 el químico sueco Sofström descubrió un nuevo elemento en los minerales de hierro de las minas de Svalbard, en Suecia. Le puso el nombre de vanadio, en homenaje a la diosa Vanadis de la mitología escandinava (en imagen). Decidió comunicar su descubrimiento al famoso químico alemán Wöhler, quien el año siguiente publicó en los Annalen der Physik und Chemie un trabajo en el que confirmaba el hallazgo de Sofström.

UN TARDÍO RECONOCIMIENTO: Cuando Von Humboldt se enteró del descubrimiento de Sofström, recordó su semejanza con el eritronio que recibió de México, y decidió enviar la muestra al químico sueco Berzelius. No le resultó difícil a éste comprobar la identidad del eritronio descubierto por Andrés Manuel Del Río en 1801, y publicó sus conclusiones en el siguiente número de los Annalen citados, y reconoció la validez del descubrimiento del sabio mexicano. Por su parte, Von Humboldt transmitió de inmediato la noticia a Del Río, quien la recibió con gran alegría, pero también con amargura y cierto resentimiento.

En 1830 Andrés Manuel Del Río fue elegido miembro de la Sociedad Filosófica Americana, fundada en Filadelfia por Benjamín Franklin a finales del siglo XVIII. en los anales de la citada sociedad se dio cabida en 1835 a un extenso informe de Del Río, en el cual, además de informar del procedimiento usado para identificar al nuevo elemento, volvió a reclamar el derecho que tenía a llamarse como el único descubridor del elemento.

PERO EL VANADIO NO PUDO LLAMARSE ERITRONIO: En 1947, contestando a la reclamación hecha por varios científicos mexicanos, el Dr. Paneth, miembro de la Comisión de Nomenclaturas de la Unión Internacional de Química, hizo saber que el científico mexicano Andrés Manuel Del Río, al no sostener en su tiempo sus conclusiones, en lo que al nuevo elemento se refería, perdió el derecho a ser reconocido como descubridor del elemento 23, así como el de bautizarlo con el nombre de eritronio. Lo cual resultó injusto, pues si Del Río abandonó temporalmente su pretensión de haber descubierto un nuevo elemento fue por culpa de la comunicación que le hizo von Humboldt. Y cuando Berzelius reconoció el error cometido por el francés Collet-Descotils, y von Humboldt informó de todo al mexicano, ya era demasiado tarde (bajo esos criterios académicos) para que éste defendiera sus derechos.

Sin embargo, nada ni nadie podrá empañar la gloria de Andrés Manuel Del Río, verdadero descubridor del vanadio, que junto con Fausto de Elhúyar, fundador de la Escuela de Minería (1757-1833), descubridor del wolframio (también llamado tungsteno), son las 2 grandes figuras científicas mexicanas del siglo XVIII.

Ver también:

UNAM IGNORÓ A CIENTÍFICO MEXICANO DE CLASE MUNDIAL: Se trata de Valentín Cardona, quien hacia 1964 desarrolló el experimento de los campos gravitacionales durante la elaboración de su tesis, el cual le permitió comprobar las ondas gravitacionales con un detector de respuesta rápida que el mismo Cardona diseñó.

Pero a pesar de contar con testigos como los físicos Carlos Graef, Fernando Alba y Vinicio Cerment, todos ellos con doctorado, junto al físico experimental Marcos Mazari, no lograron comprender cabalmente el experimento de Cardona. Tal incomprensión no le impidió al científico terminar su tesis en junio de 1964 y ser aprobado por unanimidad por parte de la UNAM.

Pero a pesar de contar con testigos como los físicos Carlos Graef, Fernando Alba y Vinicio Cerment, todos ellos con doctorado, junto al físico experimental Marcos Mazari, no lograron comprender cabalmente el experimento de Cardona. Tal incomprensión no le impidió al científico terminar su tesis en junio de 1964 y ser aprobado por unanimidad por parte de la UNAM.

FUENTE:

*Arturo Rosenblueth, Tomás Doreste, Lilia Aragón, Federico Campbell, René Fouéré (Francia) / Dist. Sayrols de Publicaciones.

 

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