La Llorona: una explicación psicoanalítica

   La inseguridad social y la psicosis mexicana * Un signo de los tiempos * En el Tribune des Nations se negaba a Dios y al Diablo * Fronteras de la ciencia * En los límites de la realidad * Un matrimonio entre el cielo y el infierno * La experiencia visionaria también puede ser aterradora *  Agua para nuestro horrible molino…

Alberto Triana

ANTECEDENTES: Tomás Doreste decía que en 1509 los aztecas vieron una aurora boreal y diversos tipos de presagios durante los siguientes años, que trataban de interpretar según su cultura.

En México la leyenda se remonta a su pasado prehispánico. En el grandioso libro “Las Calles de México (1922)”, Luis González Obregón, cronista e historiador de la Ciudad de México, nos cuenta con todo rigor histórico sobre el origen de ese tétrico y a la vez entrañable ser.

La tradición de “La Llorona” tiene sus raíces en la mitología de los antiguos mexicanos. Fray Bernardino de Sahagún en su Historia general de las cosas de Nueva España (Libro I, Cap. IV) nos habla de la diosa Cihuacóatl, la cual “…aparecía muchas veces como una señora compuesta por unos atavíos como se usan en Palacio: decían también que de noche voceaba y bramaba en el aire… los atavíos con que esta mujer aparecía eran blancos, y los cabellos los tocaba de manera, que tenía como unos cornezuelos cruzados sobre la frente”. El mismo Sahagún (Libro XI) refiere que entre muchos augurios o señales con que se anunció la Conquista de los españoles, el sexto pronóstico fue “…que de noche se oyeran voces muchas veces como de una mujer que angustiada y con lloro decía: “¡Oh, hijos míos, que ya ha llegado vuestra destrucción!” Y otras veces decía: “¡Oh, hijos míos! ¿dónde os llevaré para que no os acabéis de perder?”

A lo largo de su investigación, Aldous Huxley menciona los estados visionarios inducidos: la esquizofrenia, la desnutrición medieval, que orillaba a ciertas personas a visiones de tipo celestial (o sobrenatural). Afirma que son imágenes que se repiten, denominadas experiencias perceptuales, donde lo que se advierte son figuras geométricas coloridas (una especie de psicodelia, de calidoscopio), en distintas dimensiones, a las cuales solo se puede acceder por medio de ese mundo visionario.

UNA EXPLICACIÓN PSICOANALÍTICA: El sistema nervioso es más vulnerable que los otros tejidos del organismo; consiguientemente, las deficiencias vitamínicas tienden a repercutir antes en el estado mental que, por lo menos de una manera clara, en la piel, los huesos, las membranas mucosas, los músculos y las vísceras. El primer resultado de una dieta inadecuada es una disminución de la eficiencia del cerebro como instrumento de supervivencia biológica. La persona desnutrida tiende a sentir angustias, depresiones, hipocondría y sentimientos de ansiedad. También es propensa a ver visiones, porque cuando la válvula reductora del cerebro tiene su eficiencia reducida, penetra en la conciencia mucha materia inútil (en términos biológicos) del “más allá, de la Inteligencia Libre.

LA EXPERIENCIA VISIONARIA TAMBIÉN PUEDE SER ATERRADORA: Buena parte de los antiguos visionarios experimentaban era aterrador. Para utilizar el lenguaje de la teología cristiana, el diablo se revelaba con mucha más frecuencia que Dios en las visiones y éxtasis de esta gente. No puede sorprender esto en una época en que las vitaminas eran deficientes y la creencia en Satanás, universal. La depresión mental, asociada hasta con los casos benignos de pelagra y escorbuto, se agrava con el miedo a la condenación y a la convicción de que las potencias del mal eran omnipresentes (y en cierta forma lo son, según algunos apologistas cristianos).

Esta depresión era muy propia para teñir de colores sombríos el material visionario, admitido en conciencia por una válvula cerebral cuya eficiencia había sido disminuida por la desnutrición. Pero, a pesar de las preocupaciones por el eterno castigo y de su enfermedad de carencia, los ascetas de la espiritualidad vigorosa veían con frecuencia el cielo.

Muchos esquizofrénicos pasan la mayor parte de su tiempo, no en la tierra o el cielo, ni siquiera en el infierno, sino en Ur, mundo gris y sombrío de fantasmas e irrealidades. Lo cierto de estos sicóticos lo es también, en menor medida, de ciertos neuróticos afligidos por una forma más suave de enfermedad mental. Recientemente se pudo inducir a este estado de existencia fantasmal mediante la administración de una pequeña cantidad de uno de los derivados de la adrenalina. 

POSIBLE CONTAMINACIÓN DE LA MINERA:   Para los vivos, las puertas del cielo, el infierno o el limbo se abren, no con “macizas llaves de metales hechas” sino por la presencia en la sangre de una serie de compuestos químicos y por ausencia de otra serie. El mundo de las sombras habitado por algunos esquizofrénicos y neuróticos se parece así al denominado mundo de los muertos, tal como ha sido descrito en algunas de las primeras tradiciones religiosas (mexicanas, en este caso). 

Alberto Triana: En definitiva, andamos muy mal en la región: estresados, mal alimentados, temerosos de la inseguridad, al borde de la psicosis social (ver el reciente caso de Guanajuato). Voy a sonar arrogante (como periodista), pero de alguna forma ayudo con estas teorías, porque los profesionales de la salud no se atreven a ir más allá (como Freud, como Aldous Huxley precisamente), en la academia tienen una actitud cerrada, dogmática hacia el conocimiento establecido, la ciencia oficial. 

¿A dónde se dirige la Parapsicología? Dos alternativas: Ahora que finalmente han sido aceptados los fenómenos de la Parapsicología, conviene recapacitar un poco sobre el destino de esta ciencia, ante la cual se presentan dos posibilidades. La primera podría plantearse así: ¿debemos pensar que está condenada a convertirse en otra ciencia exacta que alimente con sus descubrimientos el progreso de la actual civilización tecnológica? 

Por supuesto que no conocemos ni la tercera parte de los descubrimientos rusos en Parapsicología, pero por lo menos se sabe algo de los mecanismos de fenómenos en vías de producirlos y controlarlos a voluntad. 

La segunda alternativa, contrapuesta a la anterior, sería la siguiente: dejar a un lado el estudio de los fenómenos extraños y atender a sus orígenes. Este tipo de investigación, que podríamos llamar “parapsicología profunda”, se centra en las causas de los fenómenos en vías no de producirlos ni controlarlos, sino para lograr un mayor conocimiento de la mente humana, lo cual significaría también acercarse a la comprensión de nuestro verdadero destino. 

Referencias:

*A. Keys: The Biology of Human Starvation. University of Minnesota Press, 1950. 

FUENTE: Vanguardia.

Ver también:
La Llorona, una explicación del más allá…

  Las barreras de la incredulidad * El fin de la ciencia y la represión de lo fantástico * Un nuevo aspecto del espíritu religioso * Visitantes venidos del más allá * La granja humana, de Salvador Freixedo * Presagios milenaristas en la región * Nuestra sociedad agoniza * El conflicto espiritualista-materialista o historia de una alergia * Artemio del Valle Arizpe y su periodismo de ultratumba * Una nota olvidada de Ernesto Sábato…

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