2019: doble mirada

Recuerden que el periodismo (formal) es ir al día con la información que va saliendo…

Guillermo Valdés / Milenio 

   El 9 de enero del año pasado escribí: “Los tres escenarios previstos para 2019 —crecimiento escaso con riesgo de ser menor; desorden y parálisis gubernamental (acompañados de centralización y concentración del poder) y confrontación política creciente— no son las mejores condiciones para la eficacia de las políticas públicas que generarán riqueza, igualdad, seguridad y democracia. El mismo Presidente está metiéndose zancadilla y cuando tropiece, culpará a sus críticos”.

Los resultados ya los conocemos: estabilidad macroeconómica con crecimiento nulo, 0%; crisis del sistema de salud por austeridad y negligencia en la compra de medicinas; en seguridad, el año más violento de los últimos 30, pues sumará alrededor de 38 mil homicidios; la Guardia Nacional además de militarizar la seguridad, es un desastre administrativo y operativo; un subejercicio mayúsculo del gasto público; una sociedad polarizada, dividida artificialmente entre malos y buenos, y un largo etcétera. Lo de culpabilizar a los críticos se cumplió a plenitud. Lo que no pronostiqué fue la creación de una realidad alterna —la de los otros datos que solo AMLO conoce— proclamada todas las mañanas.

No se necesitaba ser muy sabio para elaborar esos pronósticos y acertar. Solo era necesario un poco de sentido común y quitarse los anteojos de las ideologías, para saber dos cosas básicas del quehacer político. Primero, que tratar de emular la época de oro del PRI (presidencialismo, monopolios estatales en el sector energético; populismo clientelar, corrupción, partido dominante, control de medios, etcétera) no conducirá a nada bueno, porque de oro tenía muy poco, pero sobre todo por la imposibilidad de hacerlo ya que el mundo y el país son muy diferentes. Lo que sí queda es un autoritarismo muy dañino.

Segundo, que gobernar con eficacia un país en el mundo globalizado del siglo XXI requiere necesariamente del concurso de la sociedad entera e incluso de actores internacionales, pues la magnitud y complejidad de los problemas rebasan por mucho las capacidades y recursos de cualquier gobierno. Por ello, un factor clave de la gobernanza en estos tiempos es la capacidad de convocatoria de los gobiernos para sumar recursos de todo tipo —económicos, financieros, humanos, organizativos, culturales, de tecnología y conocimiento, etcétera— para poder enfrentar problemas como pobreza, bajo crecimiento económico, cambio climático, educación, sustentabilidad alimentaria y energética, inseguridad, migración, etcétera.

¿Cómo convocar y obtener el respaldo real de actores estratégicos (sector privado, medios de comunicación, sociedad civil, científicos, intelectuales, Ejército) cuando se les descalifica verbalmente, se les agrede con decisiones políticas y/o jurídicas y hasta con persecuciones penales sin fundamentos sólidos?

Así, a la ineficacia de muchas políticas públicas instrumentadas por el gobierno de AMLO en este año que termina, cuyos resultados dejan mucho que desear, se añaden dos saldos negativos que no permiten augurar mejoras sustanciales de los asuntos públicos en 2020. El primero es la terquedad presidencial, ya que a pesar de los malos resultados de sus políticas, anuncia que no rectificará el rumbo. El segundo, la sociedad dividida y la creciente pérdida de apoyos; la popularidad es un capital político importante, pero insuficiente para resolver problemas y es muy volátil.

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