La cobertura del OVNI de Vorónezh

La jugosa noticia, ofrecida por la Agencia TASS, corrió como la pólvora y cientos de periódicos se ocuparon de plasmar en sus páginas los sucesos que se narraban de la casi desconocida Unión Soviética. Incluso se leía en el télex enviado a las agencias europeas que del OVNI surgieron unos extraños y gigantescos seres acompañados de un robot que hicieron desaparecer a un niño que había en las inmediaciones, utilizando para ello una especie de “pistola de rayos”.

Todo comenzó el 27 de septiembre de 1989 en un parque de la ciudad de Vorónezh, en la Unión Soviética, un grupo de niños que estaban jugando en la zona avistaron un OVNI que sobrevolaba los cielos de la ciudad y que se detuvo en dicho parque para posteriormente aterrizar en él.

Pero fue hasta el 10 de octubre de 1989 las televisiones de medio mundo abrieron sus diarios con una noticia sorprendente: un OVNI había aterrizado sobre un parque publico de la Unión Soviética causando gran expectación y temor entre sus habitantes…

Apenas siete niños, Roma Torshin, Lena Sarokina, Julia Sholokova, Basya Surin, Zhenya Blinov, Aliosha Nikonov y Volodia Startsev, aparecerían de manera reiterada referenciados por la prensa, junto a Genrij Silanov, jefe del Laboratorio de Geofísica y responsable del Centro de Investigación de Fenómenos Anómalos de Vorónezh.

“No fue una ilusión óptica”, dijo el teniente de policía Sergei A. Matveyev de la estación de policía de Vorónezh. Confesó que él no vio a los extraterrestres pero que vio cuando se alejaba su nave especial: “Yo estaba en el parque sur aquella tarde, cerca de la carretera y vi un objeto volador a una altura de 200 a 250 metros”. Su compañero, el capitán C. H. Okunev, también observó el Ovni: “Se quedó a la misma altura sin moverse horizontalmente. Eso me interesó mucho porque no podía ser un globo meteorológico”.

El corresponsal de Sovietskaia Kultura -—publicación seria-—, consciente de que escribía para un público de intelectuales, que no podrían por menos que sonreír ante la inverosímil historia, insistió en que todos los testimonios recogidos por la Policía coincidían en la descripción de la nave y fenómenos posteriores.

Según Vladimir Lebedev, corresponsal de la Agencia TASS, en la pequeña ciudad rusa de Vorónezh, muchos niños habían presenciado el aterrizaje del OVNI y posterior descenso de varios alienígenas en el parque. Ataviado con un mono plateado, botas de color bronce y un disco en el pecho, de tres metros de altura, con cabeza diminuta y tres ojos, uno de los supuestos alienígenas salía de la nave acompañado por un robot. El extraterrestre emitió un sonido y dibujó sobre la tierra un triángulo luminoso de unos 30 por 50 cm que desapareció rápidamente.

La extraña criatura tocó el pecho del robot, y éste comenzó a andar. En ese momento, uno de los niños gritó aterrorizado, el extraterrestre le miró y el pequeño se quedó paralizado’. Después, el alienígena apuntó a uno de los jóvenes con un ‘;arma’, un objeto similar a un tubo de medio metro de largo, y el muchacho desapareció instantáneamente, para reaparecer cuando el ser regresó a su nave y ésta partió a gran velocidad”. Pero lo más irritante del asunto, como indicaba el titular, era la confirmación del fenómeno por parte de científicos de la Universidad de Vorónezh.

En su origen, y al menos oficialmente, el emblema ummita habría sido parte de los elementos creados en España a finales de los años sesenta por José Luis Jordán Peña, según su propio y cuestionable testimonio. Cierta casuística anterior a esa fecha, recopilada de manera precisa por Juan José Benítez en su libro El hombre que susurraba a los ummitas, pone de manifiesto que la ﴿┼﴾ ya existía en la casuística OVNI antes de que Jordán Peña supuestamente la inventara, un símbolo que tenía muchas posibilidades de resultarle familiar a los testigos puesto que se corresponde con la letra Ж “zhe” del alfabeto cirílico, en uso en diferentes regiones, incluida Rusia.

Por lo pronto hay que decir que exceptuando al sobresaliente investigador Jacques Vallée, ningún reconocido ufólogo occidental ha acudido hasta la ciudad de Vorónezh con la intención de desvelar el enigma. De momento baste decir, para todo aquel que piensa que el asunto puede resolverse de un plumazo, que el propio Vallée en su libro UFO Chronicles of the Soviet Union: A Cosmic Samizdat, coescrito con la periodista científica del prestigioso diario Le Figaro, Martine Castello, asevera que hay indicios de realidad en el mismo. En su visita a la localidad en 1990, pese a que no estaba nada convencido de lo sucedido, descubrió que se pudo desinformar desde un principio para que el aterrizaje cayera en el olvido y no fuera tomado en serio más allá de las fronteras rusas.

Pero el símbolo de “Ummo” y la desaparición delante de todos del niño al recibir el haz luminoso del tubo que portaba uno de los humanoides, fue lo que más desconcertó a Valleé, que no duda de la veracidad de los testimonios. Afirma que algo inusitado sucedió en el parque de Vorónezh y conmocionó a todos los testigos.

DESCIFRANDO EL ENIGMA: Al poco tiempo se presentó en el parque el científico Genrij Silanov, jefe del Laboratorio de Geofísica de Vorónezh y destacado miembro de un grupo de investigación de fenómenos anómalos de la ciudad, por lo que se supone que su participación en el caso se debe más a una iniciativa particular y privada que a una determinación del citado laboratorio por esclarecer los hechos.

Situado en el lugar del supuesto aterrizaje, Silanov descubrió, como posteriormente indicaría a la prensa –concretamente al periodista Vladimir Lebedev–, cuatro huellas formando un rombo, que atribuyó a las “patas” del OVNI, y una huella circular de 20 m de diámetro. Las marcas ocasionadas por las “patas” se pudieron medir y fotografiar, situandose entre unos 4 ó 5 cm de profundidad, y entre 14 ó 16 de diámetro. El peso del artefacto se estimó en unas 11 toneladas.

A este respecto Jacques Vallée afirmaba en su libro que coincidía plenamente “con la gama de las estimaciones alcanzadas por los científicos franceses que estudiaron marcas físicas en aterrizajes OVNIs durante la oleada sucedida en Francia en 1954”. La altura de las “patas” debería ser considerable, ya que los ramajes no presentaban torceduras ni roturas, y los “gigantes” trabajaron en los alrededores con cierta comodidad. En la misma zona, el científico ruso encontró una extraña piedra roja oscura, parecida a la arenisca –algunas citas hablan de dos piedras rojas– que en un principio, y tras un examen mineralógico se dijo era desconocida en nuestro planeta. Sin embargo a los pocos días la prensa anunciaba, en un nueva entrega, que “analizada la piedra no se detecta ningún componente extraño”.

Uno de los elementos más importantes y desconcertantes hallados en el lugar del aterrizaje se realizó cuando Silanov descubrió que existía un elevado grado de radiactividad entre las cuatro huellas. Este detalle fue oficializado y confirmado plenamente por una “comisión” estatal, en la que participó Stanislav Kádmenski, titular de la Cátedra de Física Nuclear de la Universidad de Voronez, que preocupados por la salud pública de los habitantes de la urbe, investigó los hechos. Aunque se pronunció negativamente sobre el supuesto aterrizaje de un OVNI, el experto confirmó que en el área se registró el doble de radiactividad.

El citado grupo, encabezado por Igor Sarotsev, vicerrector de la Universidad de Vorónezh, llegó a la conclusión de que “la presencia de una cantidad mayor que la media de cesio, isótopo radiactivo, no constituye prueba suficiente. Después de la catástrofe de Chernobyl, se ha encontrado cesio en cantidades superiores a la normal en muchas zonas de nuestro país”.

La reacción por parte de los EE.UU  ante el caso fue la de fraude mediático, pero la agencia soviética TASS, (Agencia de telégrafos de la antigua Unión Soviética), corroboraba aun así la veracidad de los datos ofrecidos por la comunidad científica, quien valoró lo valoró como “serio” y absolutamente cierto. Es curioso comprobar cómo, aun tratándose de una «exhibición» tan abrumadora en público, la opinión publica continúa adoleciendo de esa falta de información, de transparencia, de veracidad, de incredulidad.

¿EXTRATERRESTRES EN LA PERESTROIKA? A todas luces parecía increíble que una agencia como TASS, durante décadas portavoz oficiosa del bloque soviético y con fama de escrupulosa sobriedad informativa, y también ocultadora de casos de ovnis sucedidos tras la Cortina de Hierro, ahora diera cuenta al mundo de manera tan rotunda, diáfana y colorista del aterrizaje de una nave alienígena tripulada, algo que con justicia, aunque admitiendo discrepancias, podría ser definido como la noticia más importante en la historia de la humanidad. ¿Era otro síntoma del aperturismo y la democratización catalizada por Mijail Sergéyevich Gorbachov, decisivo impulsor de una Perestroika? ¿Era la difusión de los casos relacionados con Ovnis, la famosa “transparencia” o “Glasnost” que pregonaba el líder soviético?

Una vez más, la realidad, como se suele decir en estos casos, supera a la ficción. La inexistente “influencia” por parte de los medios de comunicación o de literatura ufológica y temas relacionados hacia los testigos, así como el respaldo de la comunidad científica y militar de la época, nos hace recapacitar sobre una auténtica realidad paralela que parece interactuar con la nuestra de un modo aleatorio, y en ocasiones, de forma atrevida y descarada, llevándonos a plantearnos frases como: «no hay más ciego que el que no quiere ver».

FUENTE: ABC / El Tiempo / Espacio y misterio / Código Oculto / Periodismo y Misterio.

 

 

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