El asesinato de los Reyes Magos

Manuel Fernández / AÑO CERO

LA ESTRELLA DE BELÉN EPHRATA: El 23 de agosto, posible fecha del nacimiento de Jesús de Nazareth, Júpiter empezó a retroceder en los cielos, momento en que los Magos salieron de su tierra: “Vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo” (Mateo 2; 2). Verán la estrella nuevamente después de su entrevista con Herodes, el 19 de diciembre, cuando Júpiter se detuvo otra vez: “La estrella se paró en el lugar donde estaba el niño” (Mateo 2; 9). Cuando los Magos llegaron a Belén, encontraron a un niño Jesús de cuatro a cinco meses. Contrariamente a la tradición popular, los reyes extranjeros no llegaron a Belén en el momento del nacimiento del niño, pues la Sagrada Familia ya no estaba en un establo, sino en una casa: “Y al entrar en la casa vieron al niño con su madre María, y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra” (Mateo 2; 11).

LEGADO MÍSTICO. Este detalle es muy importante: entender que el cristianismo fue posible gracias a la generosidad incluso de otras civilizaciones. Sin esa visita de los sabios de Medio Oriente José y María apenas habrían podido avanzar con el niño.

HISTORIA IGNORADA: Los gobernantes de Jesuralén, en plena reconstrucción del segundo Templo, estarían buscando trabajadores especializados como José, pues su oficio, no hay que olvidarlo, era el de carpintero/constructor, trabajo que estaba muy bien remunerado (es posible que José organizara a más trabajadores gracias a los regalos de los reyes Magos). Por eso, antes de la llegada de los Magos, Jesús ya se habría presentado en el Templo y circuncidado, como asegura Lucas; y María también se habría sometido a los ritos de purificación habituales.

PRESAGIOS MILENARISTAS: Después de su visita, los Magos fueron avisados en sueños por un ángel, quien les advirtió que no volvieran a Jerusalén. Convencidos de las perversas intenciones de Herodes, quien también pretendía deshacerse de ellos en cuanto le informaran sobre el paradero del niño Mesías, regresaron a sus lugares de origen por otro camino.

Cuando Herodes se percató de que los Magos habían huido, mandó asesinar a los inocentes (todos los niños de Belén menores de dos años) y perseguir a los Magos para darles muerte.

MÁS HISTORIA IGNORADA: Según la tradición, los Reyes de Oriente murieron martirizados. Sus restos fueron adquiridos por santa Elena, madre del emperador Constantino, hacia el año 330 d.C. y descansan actualmente en un sepulcro de la catedral de Colonia, Alemania.

Los cráneos que allí se custodian, según análisis forenses, son los de tres varones de distintas edades: 20, 35 y 55 años aproximadamente. En realidad serían de dos de los magos y un paje (ayudante), lo que coincide con la representación de los mismos que se ven en los iconos de dicha iglesia; los tres vistiendo ropas propias de Persia.

Sin embargo, no se puede ver, ni en el retablo ni en el osario, los restos de Baltasar (el africano). Y en este punto es donde se debe revisar la tradición etíope, según la cual el rey Bazen logró salvarse y regresar a su tierra tomando el camino del sur, contrariamente al resto de la comitiva.

LA TUMBA DE BALTASAR: La tradición asegura que Bazen (el rey mago conocido en Occidente como Baltasar) vivió en Etiopía el resto de sus días, y de hecho su sepulcro podría estar cerca de la Oficina de Información Turística de Aksum, rematado por uno de los obeliscos más antiguos de la capital salomónica. Tradiciones posteriores aseguran que santo Tomás llegó a Etiopía tras la muerte y resurrección de Jesús, donde se encontró con el rey Bazen, quien le pidió ser bautizado.

FUENTES:

*Baigent, Leigh & Lincoln: El enigma sagrado. Martínez Roca (colección: Enigmas del cristianismo). México, 1993.

*Gérard de Sède: El misterio de Rennes-le-Château. Martínez Roca (colección: Enigmas del cristianismo).

*Hans Einsle: El misterio bíblico. Martínez Roca (colección: Enigmas del cristianismo).

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Ver también:

¿Por qué las reliquias de los Reyes Magos se encuentran en la catedral de Colonia, Alemania?

El hecho de que se encuentre en la Catedral de Colonia se debe a la conquista del norte de Italia, durante la segunda mitad del siglo XII, llevada a cabo por Federico I de Hohenstaufen, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

Barbarroja (sobrenombre por el que era conocido el emperador) expolió la ciudad de Milán, llevándose consigo todo aquello que consideró que tenía un gran valor.

Entre lo que se apropió se encontraban las reliquias de los Reyes Magos, las cuales habían llegado a Milán en el siglo IV llevadas desde Constantinopla por Eustorgio (religioso cristiano que tras su muerte fue canonizado).

El emperador decidió regalar dichas reliquias a Reinaldo de Dassel, el hombre al que Barbarroja había nombrado canciller jefe de Italia y que además ejercía como arzobispo de Colonia, por lo que éste vio la posibilidad de levantar un nuevo templo religioso en esta importante población situada al Oeste de Alemania.

Aunque las reliquias llegaron a Colonia en el año 1164, no fue hasta mediados del siglo XIII (1248) cuando comenzaría a levantarse la catedral y ésta no sería terminada hasta 1880. Tras el altar mayor se colocó una monumental arqueta gótica en las que se encuentran los restos que son visitados por cientos de miles de personas que peregrinan hasta allí.

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