La espiral con Irán

Arturo González / Mauricio Mescholaum

El asesinato del general Qasem Soleimani en Bagdad es el golpe más duro que ha dado Estados Unidos a Irán de forma abierta y directa en toda la historia de la revolución islámica, que cumplirá en febrero próximo 41 años. Este golpe forma parte de una escalada reciente de tensión entre ambos estados, pero también se inscribe en una hostilidad más antigua entre la potencia mundial americana y la potencia regional persa. El golpe, además, tiene serias implicaciones para la estabilidad de Oriente Medio y del orbe en general, y evidencia de forma clara cómo ha cambiado el orden internacional en la última década.

Adicionalmente, aliados iraníes como Hezbollah cuentan con toda una red operativa que se ha venido posicionando en varios continentes, y que puede cometer atentados, o incluso asesinatos de personalidades importantes, algo que se podría ver como absolutamente proporcional dada la investidura de Soleimani, y su personal cercanía con el líder supremo Alí Khamenei. Por si fuera poco, podemos esperar otras estrategias como guerras informativas y ciberataques, nuevamente contra EU directamente o sus aliados, un campo que Irán ha estado desarrollando con destreza.

Las consecuencias del asesinato han sido inmediatas y dejan ver que la escalada sigue en ascenso. El fin de semana se arrojaron proyectiles a zonas de Bagdad en donde EUA mantiene tropas; Trump ordenó el despliegue de al menos 3,000 soldados más en la región y amenazó con golpear 52 sitios emblemáticos de Irán; el parlamento de Irak aprobó pedir la salida de las fuerzas estadounidenses, y el gobierno de Irán ha cancelado la posibilidad de un nuevo acuerdo nuclear a la par de que ha redoblado su amago de venganza.

Pero hay otras consecuencias menos visibles. Trump está aislando a EUA y está afectando la ya de por sí afectada confianza de Occidente en el otrora líder del “mundo libre”. Porque Soleimani no es Bin Laden, ni Al Baghdadi, ambos aniquilados por fuerzas de EUA, y ellos sí cabezas de agrupaciones reconocidas como terroristas por el consenso internacional. E incluso Sadam Hussein, expresidente de Irak y enemigo de EUA, fue derrocado, procesado por la justicia de su país y condenado a muerte.

Trump ha argumentado una y otra vez que su país nunca debió intervenir en Irak o en Libia y desviar valiosos recursos humanos y, sobre todo, económicos, en vez de destinarlos a su propia economía. Si el asesinato de Soleimani o las secuelas que vendrán resultan en un conflicto armado mayor. A pesar de satisfacer a ciertos señores de la guerra republicanos, la realidad es que Trump perderá votos que pueden ser cruciales entre una base dura aislacionista que le había comprado todos sus argumentos. Eso es justo lo que quería evitar. Pero ese es el punto. Trump está siendo efecto de su propia trampa. Fue él quien detonó la espiral que hoy le está arrastrando al lugar al que no quería llegar. Sus estrategias de presión máxima, a veces activan dinámicas conflictivas que, como vemos, se pueden salir de todas las manos.

El hecho de que Trump presuma haber ordenado asesinar con drones a un alto funcionario militar de un gobierno extranjero en un tercer país, y que amenace con destruir lugares del patrimonio cultural de Irán, ambos actos ilegales, coloca al mundo frente a la normalización del terrorismo de Estado y el caos. Trump inaugura en Occidente una nueva era de barbarie internacional. Una era sin principios éticos comunes, ni siquiera ya como coartada o pretexto. Una era en la que ya no cabe la justicia ni la diplomacia, sólo la venganza y los desplantes del nuevo matón del barrio.

Finalmente, está el factor de la política interna en EU en la que está ocurriendo justo lo que Trump deseaba evitar. Trump no necesitaba una guerra para ganar un juicio político en el Senado (se requieren 67 senadores para destituirlo cuando los demócratas cuentan apenas con 47), mucho menos siendo que su bandera electoral desde 2016 ha sido retirar a EU de conflictos lejanos, ajenos, costosos y prolongados que “no hay forma de ganar”.

FUENTE: El Universal.

 

 

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