AMLO sigue perdiendo el tiempo…

Román Revueltas / Milenio 

   Un tal Marco Antonio Olvera —metido a periodista el hombre (no sabemos mucho de sus reportajes de investigación ni de sus artículos en los medios tradicionales pero, eso sí, parece que gestiona entrevistas para politicastros del inefable PT y de Morena, nuevos partidos oficiales, aparte de haber sido empleado de René Bejarano, el célebre “señor de las ligas”)— le solicitó al presidente de la República que pusiera en marcha el aparato del Estado mexicano para investigar a quienes estuvieren presuntamente detrás del movimiento de mujeres que organiza las protestas de hoy y el paro de mañana. Entre los presuntos implicados en la trama estarían Felipe Calderón, “Margarita” Gómez del Campo (vaya oficio, el de este tal reportero, que no sabe siquiera aprenderse bien los nombres), Víctor Trujillo, Denise Dresser y Frida Guerrera. Arguye, el tipo, que “no hay ningún movimiento en el mundo que se mueva sin recursos económicos… sería interesante que los mexicanos sepamos quiénes los financian”.

O sea, que los ciudadanos de este país deberíamos de estar enterados de que la ira de las mujeres no surge espontáneamente de la atroz realidad de los feminicidios —lo que las lleva, justamente, a movilizarse como ciudadanas para expresar su profundo descontento— sino que la protesta está “financiada”. Y, desde luego, hay que averiguar quién está detrás. Don Olvera ya adelantó algunos nombres, por si alguien necesitaba indicios.

Lo más extraño del asunto es que la petición fue formulada en una de las conferencias que el jefe del Estado mexicano ofrece cada mañana a la prensa. Uno pensaría que ese espacio es para hacerle preguntas puntuales al primerísimo responsable de los asuntos públicos de esta nación y pedirle explicaciones o aclaraciones sobre los proyectos que emprende la Administración, sobre las líneas generales de las políticas implementadas o sobre aquellas cuestiones que no nos han quedado claras a los ciudadanos y que necesitarían sernos expuestas con más detalle. Pero, lo que ocurre cada mañana en el Salón Tesorería del Palacio Nacional es bien diferente.

El presidente es quien lleva la agenda, lo cual es bien entendible, y expone en cada ocasión lo que considera relevante. Llegado el momento de las preguntas, sin embargo, parece haber una selección previa de interrogadores y hay reporteros que participan recurrentemente mientras que a otros no se les otorga la palabra. Lo más extravagante, con todo, es la existencia de una galería de personajes que, de pronto, toman el micrófono para entonar loas al primer mandatario y para exponer opiniones propias masivamente favorables a la 4T. Para ser una rueda de prensa, hay pocos cuestionamientos directos y prácticamente ninguna impugnación.

Lo que pasa es que sí, se trata de otra cosa, miren ustedes: John Ackerman, militante distinguido de Morena recién nombrado como uno de los integrantes del Comité Técnico de Evaluación para designar a los futuros consejeros electorales del INE, no habla, en efecto, de que la llamada “mañanera” sea un ejercicio de comunicación oficial; dice que se trata, más bien, de “una especie de misa cívica”. Tan mística declaración laica la soltó durante una de las emisiones que conduce él mismo en el Canal 11 del IPN, plagada igualmente de confesiones con consonancias, diríamos, un tanto norcoreanas: “Cuando yo escucho a Andrés Manuel en la mañanera yo me inspiro […] Cuando yo estoy muy angustiado por el país —la última masacre, el último fakenews— escuchar la mañanera me tranquiliza, me centra, me hace sentir que tenemos un líder que nos está llevando por un camino positivo”. Naturalmente, es meramente la postura particular de un personaje que no diseñó el formato de las ruedas de prensa matutinas del presidente de México y que no tiene responsabilidad alguna en ello, por más que haya sido uno de los pregoneros del actual régimen en uno de los medios televisivos oficiales. Pero su apreciación de este ritual cotidiano es muy reveladora de todas maneras en tanto que, vistas las cosas de fuera y sin filiación partidista alguna, las mañaneras parecerían más un acto necesitado de turbios seguidores que un ejercicio informativo dirigido a los ciudadanos.

De otra manera no te explicas la presencia tolerada —o, más bien, consentida— de ciertos personajes que no sólo se apoltronan insolente e impunemente en las filas que deberían estar reservadas a los periodistas de verdad sino que se dedican a sabotear las preguntas incómodas, a intimidar y lanzar abiertas amenazas contra los profesionales que sólo pretenden hacer su trabajo con honestidad.

Esta semana, un tipo miserable que se disfraza (lleva un parche en el ojo que se quita en cuanto sale del lugar), entrevistado en un canal de YouTube, gruñó: “Se atrevió a decirme ‘falso pirata’ y yo, la verdad, de todo corazón, también le deseo que reciba un balazo, y si queda viva, platicamos el tema del parche”. ¿La destinataria de tan destemplada dedicatoria? Isabel González, reportera del Grupo Imagen. Sin comentarios, en este Día Internacional de la Mujer…

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