La prevención del coronavirus

Héctor Esparza

  Por sorprendente que parezca, la medida para prevenir un virus que puede ocasionar la muerte es de lo más simple: lavarse las manos. El contagio ocurre por medio de la saliva, y ésta requiere entrar por la boca de otra persona, en la nariz o en los ojos para que pueda generar algún efecto. Si bien es cierto que cuando alguien estornuda el virus queda suspendido por un momento y puede contagiarse, ocurrirá cuando el receptor esté en manos de un metro de distancia y absorba las secreciones del enfermo. De lo contrario, no logrará sobrevivir en el organismo ni sobrevivirá a la intemperie porque necesita de una célula viva para sobrevivir.

Si se desea protección, la mascarilla adecuada es la modelo N95. Por otra parte, si los síntomas son leves, los pacientes no tienen que estar hospitalizados; de hacerlo se distraerían recursos médicos destinados a personas graves.

Se ha indicado que es el coronavirus el causante de las muertes, lo que al parecer resulta inexacto. No es el virus, sino las defensas del cuerpo las que dañan los órganos internos ocasionando fallas mortales: el sistema inmunológico actúa cuando detecta un patógeno; en su proceso para librarse de la enfermedad causa daños en órganos internos, algunas fallas son mortales. Así se explica que pacientes con padecimientos del corazón o diabetes, estén más propensos a un desenlace fatal

Juan Ayllón Barasoain, director del Área Médica Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Burgo en España, considera que, debido al volumen de población de China, su convivencia con animales y su situación geográfica es que surgieron las recientes epidemias. La provincia de Hubei es una zona de migración: muchas aves se refugian en esta región calurosa y de poca altitud, a escasos 37 metros sobre el nivel del mar, las migraciones incluyen a los murciélagos que son un reservorio de coronavirus, refirió Ayllón.

A diferencia del 2002, ahora se implementaron con celeridad los protocolos de salud. China, asegura la Organización Mundial de la Salud (OMS), informó con detalle el origen del brote en el mercado de pescados y mariscos de Wuhan, y activó en consecuencia al cerrar el 1 de enero de 2020 aquel establecimiento. Además, dio seguimiento a los casos que se presentaron y el 23 de enero impidió la salida de sus habitantes. Para ello lanzó un escueto comunicado: “se suspende el transporte público urbano, el metro, el ferry y los transportes de pasajeros de larga distancia”. Otras dos ciudades donde impusieron cuarentena fueron Huanggang y Ezhou, con lo que se elevó a 18 millones de personas las que estuvieron en cuarentena.

La Organización Internacional de la Salud declaró la Emergencia Internacional “no solo por lo que pasa en China, sino lo que pueda pasar en otros países con sistemas de salud más débiles”, aclaró Ayllón Barasoain.

A pesar de que las medidas de control se tomaron con celeridad, se recuerda la muerte del médico Li Wenliang quien advirtió de la presencia del virus, pero no se le creyó. Murió contagiado. En diciembre, cuando supuso el comienzo de la epidemia, la policía lo censuró y le exigió que “dejara de hacer comentarios falsos”; fue investigado y sólo se disiparon las sospechas ante su deceso.

El coronavirus no se considera aún como pandemia porque no ha infectado a la población del mundo. Aunque para el futuro se planean tres escenarios: que todo el esfuerzo de las autoridades chinas impida la expansión del brote; que el virus se expanda por años como el SARS en 2009 sin llegar a provocar una pandemia, pero sí ocasionando brotes ocasionales; o que ocurra lo menos probable, es decir, el contagio y expansión acelerada del virus así como su mutación, que le sumaría una variedad más a las arriba de las 30 existentes.

Las vacunas son medidas preventivas. Son antivirales que combaten la enfermedad en el momento, pero no hay resultados contundentes porque no se conoce a fondo la naturaleza del coronavirus; a pesar de los avances químicos no hay una vacuna aprobada, ni antivirales, simplemente hay que cuidarse para que el organismo supere la enfemedad.

FUENTE: Siglo Nuevo.

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