La Llorona como presagio milenarista

   Uno de los símbolos de horror en la cultura mexicana sin duda alguna es “La Llorona”, una mujer fantasma que recorre las calles de las ciudades en busca de sus hijos. Este personaje de leyenda es conocido de Sonora a Yucatán.

Wendy Chávez

HISTORIAS DEL UNDERGROUND MEXICANO: En Aguascalientes, como en muchos otros lugares, tienen su propia versión local de esta leyenda mexicana, pero a grandes rasgos la historia del fantasma errante sigue siendo la misma. Se cuenta que una mujer de sociedad, joven y bella, se casó con un hombre mayor, responsable, cariñoso y atento, que la consentía.

Marisa López de Figueroa, como se llamaba, tuvo cuatro hijos, pero eran educados por la servidumbre, mientras que ella se dedicaba a cosas triviales. Al pasar los años, el matrimonio tuvo luego una vida difícil, y la señora nunca se ocupó realmente de los hijos, porque no le interesaba la vida del hogar. Pasaron los meses y el marido se enfermó gravemente, y al poco tiempo murió. Así, la viuda se quedó sin un centavo y al frente de sus hijos, quienes necesitaban atención. Durante un tiempo la señora de Figueroa comenzó a vender los muebles, luego sus joyas, con lo que lograba salir de sus apuros económicos, pero poco a poco se iban terminando sus recursos.

Al no encontrar trabajo y sin un centavo para mantener a sus hijos, luego de pensarlo mucho, un día simplemente los llevó de paseo al Río de Los Pirules. En ese momento los niños saltaban de alegría, ya que era la primera vez que su madre los llevaba de paseo al campo. Los subió al carruaje y salieron de casa, como si tuvieran prisa por llegar. Al llegar al río, que entonces era cauteloso, los bajó del carro, que ella misma guiaba, y fue aventando uno a uno a los pequeños, que todavía le alcanzaron a hacer señas de que se estaban ahogando. Ella solo fue testigo de cómo sus hijos eran arrastrados por la corriente y se marchó del lugar, pero al cabo de unas horas regresó arrepentida al lugar.

Pero todo era inútil, pues sus hijos habían pasado a mejor vida.

Cuando se dio cuenta de lo que había hecho, ella se tiró también al río, y pronto se pudieron ver 4 cadáveres de niños y el de una mujer que flotaba por ahí.

Dice la leyenda local, que a partir de esa fecha, a las doce de la noche, la señora Marisa vuelve de ultratumba para llorar su desgracia. Sale del cementerio en donde por piedad le dieron, a ella y a sus hijos, cristiana sepultura, para luego cruzar la ciudad en un carruaje dando alaridos y gritos desgarradores.

Todas las personas que la veían pasar a la medianoche por las calles, se santiguaban con reverencia nada más de escuchar sus gemidos. Juraban que con la luz de la luna se veía un carruaje que conducía una dama de negro, quien con alaridos desesperados buscaba a sus hijos.

Un día, un grupo de amigos, haciéndose los valientes, quisieron perseguir al carruaje que corría a gran velocidad por las céntricas calles de Aguascalientes, tomaba por Carrillo Puerto, ahora La Merced, después por Guerrero, para luego seguir por la calle de Nieto, que directamente daba al río Pirules. Ellos la seguían, temblando de miedo, pero animándose bebiendo alcohol. Al finalizar por esa calle, afirman que dio un último grito de tristeza y dolor.

LA HERMOSA LLORONA DE CHIHUAHUA: Cuentan que en Meoqui (o Maoqui) Chihuahua, también se aparece la Llorona, como personaje simbólico del terror mexicano. En realidad, posee un origen muy antiguo, seguramente de varias deidades prehispánicas como la Cihuacóatl, entre los nahuas; la Xtabay, entre los mayas lacandones; Ahuicanime, entre los purépechas, y Xoani Queculla, entre los zapotecos. Y la razón por la que dicha leyenda perdura hasta nuestros días es porque cada estado del país y cada rincón adoptó y propagó su versión.

En Chihuahua se dice que La Llorona era una mujer casada con un tipo gris y taciturno, quien poca atención le prestaba. Ella era joven y se sabía bonita, y más desde que muchos hombres comenzaron a cortejarla sin importar que fuera casada. En un principio la mujer se mantuvo fiel a sus convicciones y le fue leal a su esposo, más porque ella quería que sus hijos crecieran en el seno de una familia estable, que por sus deseos de salvar su matrimonio.

Los habitantes de Meoqui aseguran que después de las doce de la noche aparece una mujer en las calles, a veces no solo como fantasma, sino como una dama normal de belleza inigualable. Cuando los hombres voltean a verla, es común que intenten cortejarla, pero ella solo arrecia el paso.

Y es que todos en ese pueblo de Chihuahua conocen la leyenda, por eso cuando la mujer va vestida de blanco, arrecia el paso ante los piropos indecentes de los caballeros, pero ninguno de ellos se atreve a seguirla, porque es mejor observarla a la distancia. A menudo los foráneos quedan impactados ante su belleza, pero es bueno que acepten el consejo de los lugareños y no intenten seguirla, de lo contrario, pueden amanecer en un terreno con la razón un tanto extraviada. Quienes la han seguido, recobran el conocimiento a los dos días del incidente, pero de lo que sucede cuando la observan de cerca, eso nadie lo ha podido contar.

LA SOTANA SIN CABEZA: Cuenta Roberto Lincón, que hace mucho se veía por las noches salir del templo de San Francisco en Chihuahua, una figura ensotanada decapitada que se deslizaba de manera sobrenatural hasta los patios de la panadería La Espiga de Oro, propiedad de Roberto Rubio, al grado de que los animales se ponían muy frenéticos, como asustados, pues notaban la figura de una persona, un cura sin cabeza. La razón era que el alma de un sacerdote vagaba por las noches de los meses de julio y agosto, principalmente; y algunos historiadores locales han pretendido ubicar su origen a religiosos ligados al cura Hidalgo, condenado en 1811, e incluso aseveran que en 1823 los restos del insurgente fueron encontrados por un fraile franciscano, luego de que se le apareciera al obispo Nicolás Pérez en su lecho, en una ocasión en que se encontraba muy enfermo.

LA BRUJA JUANA: Fue la más conocida de todo el norte de México. Vivía en Chihuahua en la zona limítrofe con el estado de Sonora. Se dice que era una indígena muy sabia, pero no de los tarahumaras, más bien una yaqui o warojío. A su casa, una humilde morada, llegaban personas de muchos lados para consultarla, aunque nunca se supo con precisión si practicaba alguna clase de brujería o solamente tenía el don de curandera. El caso es que todo lo que sabía lo aprendió de sus antepasados, cualidades que sus consultantes veían como virtud, por eso no les importaba incluso viajar en tren y luego caminar hasta 2 días para ir a visitarla.

Dicen que no había enfermedad que la bruja Juana no pudiera curar, ya que ella curaba todo tipo de padecimientos. Sucedió que su fama trascendió tanto que pronto comenzó a llegar gente de otros estados y hasta del extranjero. Esto no fue bien visto por las autoridades locales de Chihuahua, quienes no desperdiciaban la oportunidad para vigilar lo que hacía la mujer, para que ante la menor sospecha, pudieran detenerla; pero esto jamás sucedió.

Y ante la molestia de las autoridades por no encontrarle nada, un día simplemente la agarraron a golpes, matándola. Pero cuentan que durante la golpiza, un diablo apareció para defenderla. Otros dudan de este hecho sobrenatural, porque creen que fue la versión que dieron los policías para justificar su asesinato. Lo que sí ocurrió es que los espíritus de sus ancestros se manifestaron de alguna forma tras su muerte, y a los 15 días, se vengaron de los policías locales ocasionándoles espantosas muertes.

EL CARRUAJE NEGRO: La leyenda dice que este carruaje aparece para deambular de manera fantasmal por la zona del panteón municipal número 1 de Torreón, lugar que fuera velado por Higinio García durante muchos años. Este hombre afirmaba haber visto el carruaje antiguo en muchas ocasiones. Muchos veladores temen que si se asomaban demasiado para ver el rostro del conductor, verían a una calavera descarnada, un espectáculo siniestro del que muchos han sido testigos.

FUENTE: Periodismo y Misterio / La Hora Nacional.

Ver también:

ALGUNOS CASOS DE VAMPIRISMO MEXICANO: En los relatos del México prehispánico podrían advertir también de parásitos astrales porque justamente se adhieren a un huésped y lo utilizan como herramienta para vincularse con el plano físico.

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