Pruebas nucleares en la Luna

    Cuando Estados Unidos quiso bombardear la Luna * El Proyecto A119 al descubierto * Una locura ultrasecreta * Historias de la “guerra fría” * Un proyecto secreto de la Armour Research Foundation *  Un cártel de científicos * Otro proyecto atómico contra la Luna * Dudas sobre la utilidad propagandística * Se prohíben las pruebas nucleares en el cosmos…

José Sánchez / Año Cero

HISTORIAS DEL UNDERGROUND AMERICANO: El proyecto clasificado del bombardeo a la Luna recibió el nombre clave de A119 y reclutó a un equipo de 10 miembros dirigidos por Leonard Reiffel. Su principal objetivo era estimar la visibilidad de una nube atómica tras la explosión. Puesto que se trataría de una prueba nuclear que buscaba resonancia mediática, debía tenerse la certeza de que el impacto podría observarse desde la Tierra y ejecutarse de la manera más vistosa posible.

UN PROYECTO SECRETO DE LA ARMOUR RESEARCH FOUNDATION: Entre los miembros de trabajo seleccionados estuvieron eminencias de la astronomía internacional, como Gerard Kuiper, quien dio nombre a uno de los cinturones de asteroides de nuestro sistema solar. Pero además de científicos consagrados, también hubo jóvenes promesas todavía desconocidas, como el estudiante de doctorado Carl Sagan. Precisamente a él le encargaron el cálculo matemático sobre la explosión de la nube de polvo lunar tras la explosión.

A la par del ultrasecreto Proyecto A119, también iban madurando otras iniciativas tecnológicas para competir contra los soviéticos en el espacio exterior. La creación de la NASA y su programa de satélites orbitales y cohetes tripulados hizo que se repensara el plan para bombardear la Luna.

UNA LOCURA ULTRASECRETA: El grupo de investigación valoró diferentes opciones. Descartó usar una bomba de hidrógeno porque tendría un peso excesivo para vencer la gravedad terrestre, empleando los misiles desarrollados hasta esa fecha. Más plausible resultaba una ojiva pequeña, como la empleada en Hiroshima, con 13 a 18 kilotones. Sería fácilmente transportable hasta los márgenes visibles de la Luna, donde la nube de polvo levantada acabaría iluminada por el Sol. Conforme la industria balística estadounidense iba avanzando, el director del programa, Leonard Reiffel, preveía una fecha realista de lanzamiento hacia 1959.

EL PROYECTO ATÓMICO RUSO CONTRA LA LUNA: A partir de la documentación liberada hacia el año 2010, se sabe que en 1958 se hicieron varias propuestas bajo el nombre clave E-1. Este proyecto ultrasecreto promovía la llegada de sondas a la Luna, mientras que las iniciativas E-2 y E-3 daban un paso más allá para captar fotografías de la superficie mediante naves no tripuladas. Pero la culminación del proyecto radicaba en la etapa E-4, en la que se buscaba hacer exhibición de fuerza y poderío militar a través de una explosión nuclear en la superficie de la Luna.

Detrás de esta idea estuvo el famoso físico nuclear soviético Jacov Borisovich Seldovich, e incluso se llegó a fabricar una maqueta de la nave que transportaría los explosivos. Científicos nucleares determinaron la masa y dimensiones, así como un mecanismo similar a una mina antipersonas para que la sonda detonara al alunizar. Sin embargo, este proyecto fue igualmente cancelado al de su contraparte americana porque se dudaba de su verdadera utilidad propagandística.

Incluso se empezó a temer que la superficie lunar quedara indefinidamente repleta de radiactividad, impidiendo poder enviar allí misiones tripuladas o construir una base permanente conforme la NASA empezaba a valorar. Y ni siquiera podía asegurarse de que la nube nuclear sería visible desde la Tierra. Al carecer la Luna de atmósfera, no cabía concebir un hongo atómico como los característicos de nuestro planeta. Allí se temía que todo quedara en un destello breve de luz acompañado por un reducido remolino de polvo.

La firma del Tratado de Prohibición Parcial de Ensayos Nucleares de 1963 y el Tratado del Espacio Exterior en 1967, impidieron los ensayos atómicos en el cosmos, así que la iniciativa A119 nunca más volvió a reabrirse. Una vez cancelado este proyecto, quedó archivado y olvidado como tantas otras operaciones ultrasecretas. Sin embargo, un cúmulo de casualidades permitió conocer su existencia a fines de los años noventa.

CUANDO LOS CIENTÍFICOS CONOCEN EL PECADO: En 1996 falleció Carl Sagan y el escritor Keay Davidson se dispuso a redactar su biografía. Mientras revolvía los papeles del científico y repasaba su trayectoria académica, Davidson tropezó con algunos de sus primeros artículos científicos. Entre ellos, dos dedicados a la detonación de armas nucleares en la Luna y los problemas correspondientes de radiación y contaminación. Tenían fecha de 1958 y 1959.

CONSERVADURISMO CIENTÍFICO: Tirando de este hilo, el biógrafo de Sagan llegó hasta el Instituto Tecnológico de Illinois, donde recopiló más información sobre el denominado Proyecto A119. Todas sus pesquisas acabaron publicadas en 1999 en el libro Carl Sagan: A Life. Fue entonces cuando el director del programa secreto, Reiffel, decidió romper su silencio y comentar diferentes detalles, entre ellos, el papel de Sagan. Posteriormente se solicitó a la Administración estadounidense que liberase todos los documentos relacionados, pero la mayor parte de los informes ya habían sido destruidos hacia 1980 en el Instituto Tecnológico de Illinois.

FUENTE: Año Cero / Periodismo y Misterio.

Ver también:

REGISTRAN MISTERIOSA EXPLOSIÓN EN LA LUNA:  El 1 de diciembre del 2019, Peter Lawrence de Thornton, un astrónomo inglés, pudo registrar un extraño destello de color rojo en la luna, como si hubiese sido una explosión. El satélite se sumergió en una fuerte capa de inversión de temperatura con aire caliente sobre el aire más frío, los rayos de luz se doblan cuando cruzan las capas, en este caso lo suficientemente fuerte como para que ocurra lo que se llama Mock Ducted- Mirage Red Flash, es decir, los rayos rebotan hacia arriba y hacia abajo, atrapados en un conducto óptico”, informa Spaceweather.

PERIODISMO Y MISTERIO: Sea como sea, la Luna no ha perdido su romanticismo y aún ocullta muchos misterios qué investigar: desde los túneles descubiertos hace apenas unas semanas hasta la enigmática masa metálica que se detectó recientemente en su cara oculta. No, pesar de todo, la Luna no ha perdido ni un ápice de su encanto, ni de su misterio.

 

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