El cerro de los humanoides

Fernando Jiménez

   En tiempos de los tlahuicas y nahuas se llamaba Cuahunahuac, que significa “entre bosques”, pero hoy se le conoce por el mucho menos lírico nombre de Cuernavaca, aunque en compensación la llamen también “La ciudad de la eterna primavera”. Está bastante cerca de la Ciudad de México, por eso sigue siendo, como en época azteca y luego colonial, lugar de veraneo para los capitalinos. Desde que Emiliano Zapata la tomase durante la Revolución, allá por 1917, ha crecido mucho, desparramándose en innumerables colonias y mansiones guardadas por altos muros.

Andaba preparando una larga serie de documentales por Mesoamérica, cuando me contaron que en las inmediaciones de Tepoztlán hay una pequeña pirámide construida sobre un lugar escarpado y casi inaccesible.

Cuenta menos Tepoztlán que su entorno: una sierra torturada y agreste, llena de abismos y cerros afilados, donde el viento se oye como un alarido y las tormentas descargan su furia rompiendo los peñascos. Una paisaje así, tan sombrío y extraño, no puede ser pobre en leyendas, sobre todo si, como en el Uritorco argentino y otros lugares, abundan “luces”  que en la noche sobrevuelan la sierra a baja altura.

Una mañana, tratando de reunir ganas para subir al Tepozteco y visitar el adoratorio prehispánico, trabé conversación con una de las mujeres que venden recuerdos para turistas al pie del mismo cerro. Rufina Barragán es su nombre, y no lo recuerdo por buena memoria, sino porque lo dejé escrito en mis notas de viaje por si en otra ocasión volvía a entrevistarla como testigo de esas “luces”. Las tenía vistas en diferentes ocasiones: unas veces evolucionando por entre las solitarias cumbres, y otras, como “una gran estrella roja” que se mantenía inmóvil sobre la sierra. Pero, con ser interesante su testimonio lo era mucho más su oficio de cronista, ya que los muchos años al frente del puestecillo la habían permitido acumular la más variada y terrorífica información.

“Nadie de aquí sube a la sierra en diciembre”, me dijo. En ese mes son más frecuentes; casi todas las luces se ven, y no es bueno verlas, al menos de cerca, porque han sido la causa de varias muertes. La más extraña fue la de un norteamericano, va para 12 años de aquello que, sorprendido por el atardecer en lo alto del Tepozteco, decidió quedarse allí hasta el otro día. Al igual que las otras veces, aquella noche fueron vistas “luces” volando sobre el cerro, y a ellas atribuyeron la muerte del turista, que fue encontrado a la mañana siguiente sentado contra una roca y “seco como una momia”, como si algo o alguien le hubiera absorbido todos los líquidos corporales.

Doña Rufina lo vio con detalle cuando los policías que lo bajaron del cerro se tomaron un descanso junto a su tenderete y aún le espanta recordarlo.

Todavía me contó de una víctima más, esta vez un muchacho y a plena luz del día. Once estudiantes subieron de excursión al Tepozteco y llevaban allí un buen rato, cuando un OVNI se dejó ver describiendo absurdos giros por entre los picachos de la sierra. Tenía, según contaron al juez, forma de plato y volaba sin ruido, pero cuando se situó sobre el cerro, era tal el torbellino de aire, que unos se tumbaron al suelo y otros se agarraron a lo que pudieron para no verse arrastrados. Uno de ellos tuvo peor suerte y fue lanzado al borde del precipicio, despeñándose.

Aunque refrendados por la prensa, no investigué con detalle los hechos; sin embargo, he de añadir que quienes viven en Tepoztlán no dudan de esas y otras historias semejantes; entre otras razones, porque tales “luces” las tienen vistas casi todos. Además, no deben ser cosa de hoy, ya que la sierra goza de siniestra fama desde tiempos prehispánicos.

FUENTE: Año Cero / Periodismo y Misterio.

Ver también:

EL GIGANTE DE CIUDAD VALLES: El folclore mexicano, la mitología y las historias locales están llenos de críptidos: criaturas cuya existencia podría existir, pero no se ha demostrado científicamente. Muchos de ellos tienen su origen en la leyenda azteca, es más dicen que se crearon cuando llegaron los españoles y otros aparecieron en tiempos más recientes.

Los habitantes de localidades cercanas al municipio de Ciudad Valles, en el estado de San Luis Potosí, México, están aterrorizados después del avistamiento de una enorme y extraña criatura que algunos creen que podrían ser un Bigfoot o un extraterrestre. Según informa el periódico local El Sol de San Luis, el misterioso encuentro tuvo lugar la semana pasada cerca de Ciudad Valles. Un testigo, identificado solo como la señora Antonia, dijo que el avistamiento tuvo lugar alrededor de las 17:30 de la tarde mientras ella y su marido jugaban con su hijo.

Los testigos pudieron tomar algunas fotografías de la criatura, sin embargo, es difícil identificar qué es. No obstante, la noticia del incidente se ha extendido por toda la región y ha generado preocupación entre los habitantes de Ciudad Valles. Según una declaración emitida por Agustín Hernández, un representante del área indígena, los ancianos de la región no quieren hablar sobre el encuentro, pero se comenta que sugirieron que la criatura podría haber sido un extraterrestre o de alguna manera relacionado con el coronavirus.

Algunos ufólogos dicen que, según se aprecia en las imágenes, la enorme criatura parece haber salido de un objeto volador en forma de disco, muy posiblemente su nave espacial.

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