Castañeda y los pueblos horrorosos

   Hay un tic, muy de la izquierda populista, de rendirle culto a la pobreza en vez de intentar desterrarla…

Julio Patán

Castañeda: una educación política – Horizontal

   “Un pueblo horroroso, se oyó decir a Jorge Castañeda en Es la hora de opinar cuando hablaba de PutlaOaxaca, y no había acabado de decirlo cuando el escándalo ya estaba en marcha. Los apelativos varían, pero sobre todo se pudo leer el habitual clasista y, cómo no, racista, este último incluso en boca del presidente,en una mañanera.

Con su permiso, vuelvo al incidente porque recuerda dos o tres constantes de la cotidianidad mexicana bajo la 4T.

La primera es la tenacidad con la que aparecen esos términos, racismo y clasismo, en cualquier discusión, por un motivo: son los comodines que te permiten matar cualquier debate o, más bien, descalificar a cualquier antagonista. Lo sabe el presidente y lo saben sus seguidores, lo mismo los del sector duro de la 4T, que los que leyeron demasiado progresismo académico gringo. Y sí, sí: hay un problema de racismo y clasismo muy grave en este país, y todos deberíamos hacer una revisión de conciencia. No hay duda. Pero la acusación es conveniente y sistemáticamente asestada a quienes señalan la incapacidad de este gobierno, desde Chumel, hasta el propio Jorge, hasta, antes,a Macario Schettino.           

Seguidores de Chumel se indignan y culpan a AMLO de cancelación ...

La segunda constante es el tic, muy de la izquierda populista, de rendirle culto a la pobreza en vez de intentar desterrarla. México está lleno de pueblos horrorosos. No hay más que agarrar carretera para comprobarlo. Y eso, en gran medida, es una consecuencia de la pobreza. No, no pretendo asimilar la pobreza a la fealdad. Pero ¿de veras vamos a negar que están muy tristemente conectadas?

Ese páramo de calles encharcadas, esquinas con bolsas de basura, casas concluidas en varillas pelonas, devastación ecológica y deterioro de los edificios históricos tiene mucho, mucho que ver con la falta de dinero, con la marginación. Con la miseria, sí. Aplaudir esa realidad ominosa, esa injusticia, y celebrarla condescendientemente, es una indecencia y una trampa argumentativa burda y plañidera.

FUENTE: Heraldo de México.

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