La Sotana sin Cabeza

Wendy Chávez

HISTORIAS DEL UNDERGROUND MEXICANO: El 27 de julio de 1811, Miguel Hidalgo fue degradado, el acto se llevó a cabo en el Hospital Real; el padre franciscano José María Rojas fue su confesor. El lunes 30 de julio, a las 5 de la mañana, Hidalgo tomó su último desayuno, una taza de chocolate y pan duro, estuvo orando y a las 6 fue llevado a la capillita de San Pedro Apóstol y luego al lugar donde habría de ser fusilado.

Antes de su cruel ejecución, Hidalgo se dirigió a donde estaban los soldados del pelotón y repartió los dulces que un día antes le llevara Justo María Chávez Aguilar. Enseguida le cubrieron los ojos y fue fusilado a las 7 de la mañana. El pelotón fue dirigido por el capitán Pedro Armendáriz, quien después le ordenó a un indígena tarahumara, quien vivía en aquel lugar, que le cortara la cabeza al cuerpo de Hidalgo. Éste fue sepultado en la capillita de San Antonio de Padua, ya cercenado de la cabeza.

El rosario de Sevilla anduvo en manos de muchos clérigos, hasta que fue recuperado por el Archivo Histórico del Estado, de donde se extravió del Palacio de Gobierno en 1940, un sábado a las 3 de la tarde. El rosario fue toda una leyenda.

Dicen que José de Jesús Ortiz, primer obispo de Chihuahua, lo encontró en su buro extrañamente y lo conservó con mucho cariño, sin conocer su origen. Después al obispo Nicolás Pérez Gavilán le apareció en su lecho, una vez que se encontraba muy enfermo. Luego, un fraile franciscano lo encontró en el lugar donde estuvieron, hasta 1823, los restos sin cabeza del padre Hidalgo. Entre las calles 17 y Juárez, junto a donde hoy está la casa mortuoria de Funerales Hernández, se encontraba una panadería en los años veinte y treinta. La panadería se llamaba “La Espiga de Oro” y era propiedad del señor Ruperto Rupio. Cuenta Roberto Rubio, sobrino de Ruperto, que cuando él era niño se veía por las noches salir del templo de San Francisco una sotana muy lúgubre que se deslizaba hasta los patios de la panadería donde estaba la cochera. Allí los animales que jalaban los coches se ponían muy frenéticos, muy asustados, pues veían que atravesaba las paredes la sotana de un cura sin cabeza.

La razón era que el alma en pena de un sacerdote vagaba por las noches, durante los meses de julio y agosto. Hoy es sólo una leyenda, que se entremezcla con las páginas bien documentadas de la historia.

Ver también:

PRESENCIA DE LA LLORONA: Los habitantes de Meoqui aseguran que después de las doce de la noche aparece una mujer en las calles, a veces no solo como fantasma, sino como una dama normal de belleza inigualable. Cuando los hombres voltean a verla, es común que intenten cortejarla, pero ella solo arrecia el paso.

Y es que todos en ese pueblo de Chihuahua conocen la leyenda, por eso cuando la mujer va vestida de blanco, arrecia el paso ante los piropos indecentes de los caballeros, pero ninguno de ellos se atreve a seguirla, porque es mejor observarla a la distancia. A menudo los foráneos quedan impactados ante su belleza, pero es bueno que acepten el consejo de los lugareños y no intenten seguirla, de lo contrario, pueden amanecer en un terreno con la razón un tanto extraviada. Quienes la han seguido, recobran el conocimiento a los dos días del incidente, pero de lo que sucede cuando la observan de cerca, eso nadie lo ha podido contar.

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