Editorial: 2 años con una transformación de cuarta

En el gobierno del autonombrado “presidente de los pobres y marginados” durante la pandemia del COVID-19, el 71 por ciento de los muertos pertenecen al estrato más desposeído en México.

Anabel Hernández

Se acaban de cumplir dos años de gobierno. En monólogo sin réplica, el cual es el formato de informe anual del Ejecutivo en México gracias a Felipe Calderón quien en 2008 instauró ese modelo para evitar comparecer ante el Congreso, el 1 de diciembre pasado AMLO aprovechó al máximo la comodidad de no tener quien lo interpelara y tarareó su bolero de logros de la 4T y el “amor” por los pobres de México.

PATERNALISMO PERVERSO: México arrastra décadas de injusticia, desigualdad, corrupción e impunidad, en el marco de una actitud social oscilante entre el reclamo y silencio, la rebelión y conformismo. La etapa más cruenta, pienso, comenzó en 1964 con el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, cuya masacre de estudiantes aquella terrible noche de Tlatelolco en 1968 mutiló una parte del corazón de la aún muy joven nación.

Luego de 70 años de hegemonía castrante del Partido Revolucionario Institucional (PRI), México es una nación cuya madurez ha quedado interrumpida. La pobreza y la pobreza extrema son los rostros del sistema de desigualdad diseñado por los que concentran el poder económico y político. A lo largo de las últimas 3 décadas se han creado diversos programas de subsidio a los pobres, pequeñas aspirinas para abatir la “neumonía” causada por las malas políticas públicas. Pero no se han generado estrategias sólidas de mediano y largo plazo que haga autosuficiente a la población para que no dependa de las dádivas del gobierno, ni del crimen organizado. Los pobres han sido rehenes del Ejecutivo de turno, clientela política inagotable y carne de cañón.

En 2018, el 41,9 por ciento de la población vivía en condiciones de pobreza, es decir 52.4 millones de personas. Y el 7,4 de la población en extrema pobreza, 21  millones de mexicanos según el Consejo Nacional Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL). Así encontró AMLO el país.

En 2020, AMLO ha canalizado 300 mil millones de pesos a programas dedicados a dar analgésicos para la pobreza, en vez de medicina que la cure. Su programa emblema es el “Programa de pensión para el bienestar de las personas adultas mayores”, que paga una pensión generalizada a todas las personas mayores de 68 años, sin distingo de clase social y aunque sean pensionados de otras instituciones. Son más de 8 millones de beneficiarios, los cuales aumentaron 57,8 por ciento en los dos años del gobierno. “Apoyo para el bienestar de las niñas y niños hijos de madres trabajadoras” incluyendo niños discapacitados; “Sembrando vida” (un programa pre-existente) de apoyo a personas de comunidades rurales dedicadas a la actividad agrícola y forestal”; “Jóvenes escribiendo el futuro”, que da apoyo económico a jóvenes que estén en segundo año de licenciatura para continuar sus estudios; “Jóvenes construyendo el futuro”, que da becas para jóvenes de entre 18 y 29 años de edad que no estudian, ni trabajan.

Al menos 4 de estos programas no están sujetos a reglas de operación, por lo que no se puede evaluar su eficacia ni el mecanismo para elegir a los beneficiarios. Y ante el anuncio de que para 2021 piensa gastar 303 mil 982 millones el Coneval se ha pronunciado por hacer un gasto más efectivo y estratégico.

POPULARIDAD O POBREZA: Por un lado, AMLO quiere ser popular distribuyendo ese dinero público, que repito es solo un pequeño paliativo que se evapora de manera casi instantánea (así ha sido siempre),  pero no quiere sacrificar esa popularidad.

Las políticas de fiscales de un país son esenciales para captar recursos internos y financiar el desarrollo. México es uno de los peores del mundo en esta materia desde hace años, y no ha cambiado en los tiempos de la 4T.

De la lista de 36 países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), México tiene el peor índice de recaudación fiscal en relación al Producto Interno Bruto. Es solo el 16,1 por ciento, cuando el promedio general de recaudación de los países de la OCDE es del 34,2 por ciento del PIB. El promedio en América Latina y el Caribe es del 22,8 por ciento y el de África es de 17,2 por ciento. 2

Aunque los impuestos escalonados por estrato económico son uno de los medios más frecuentes de recaudar ingresos para financiar el gobierno, de acuerdo a la organización Tax Foundation en 2019,  de una lista de 41 países del mundo de la OCDE y Unión Europea, aunque el gobierno de AMLO ha prometido una redistribución de la riqueza, México sigue siendo uno de los países donde los que más ingresos tienen pagan menos impuestos en comparación con el resto del mundo.

SISTEMA DE SALUD EMPEORÓ: En vez de hacer un rediseño de la política fiscal de fondo, cobrar más impuestos a quienes más ingresos tienen, y abatir la corrupción y sus costos, AMLO desde 2019 comenzó un recorte presupuestal a sectores prioritarios como ciencia, tecnología, educación y salud. Este recorte puso en crisis la operación de hospitales generales y de alta especialidad, así como el suministro de medicinas desde antes de la pandemia del COVID-19. Provocó, por ejemplo, la muerte de mil 600 niños a  causa del desabasto en el sistema de salud público de medicinas para niños con cáncer.

Desde 2019, la población usuaria de los servicios de salud pública federales y estatales detectaron un deterioro en los servicios, tras la llegada de la 4T de acuerdo a cifras oficiales del propio gobierno no expuestas por el Presidente en su informe 4.

De 2017 a 2019 los usuarios del servicio público de salud señalaron una disminución en la calidad de los servicios del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), que da atención a toda la población que tiene empleo formal. Disminuyó la limpieza y orden en las instalaciones, la idoneidad de instalaciones y equipo, detectaron menor cantidad de médicos disponibles y una menor eficiencia en la atención inmediata 5. En general los usuarios se dijeron más insatisfechos con el servicio en 2019 que en 2017.

Por su parte, en el  Instituto de Seguridad Social y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado  (ISSSTE) en general todo empeoró: instalaciones y equipo, capacidad y número de médicos y disposición de medicamentos. La satisfacción de los usuarios decreció notablemente.

Igualmente, en los servicios de salud estatales o Seguro Popular (programa federal) se registró una mayor insatisfacción por la atención de 2017 a 2019. Menos información oportuna sobre estado de salud, menos instalaciones adecuadas y equipo, menos medicamentos disponibles.

A dos años de gobierno, la pandemia expone en México las varias deficiencias de la “transformación” prometida: baja recaudación fiscal,  aumento en la brecha social entre pobres y ricos, deficiente servicio médico público federal, mayor corrupción y costo de ésta, negacionismo y demagogia.

FUENTE: DW.

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