Kosovo: nuevo feudo de la OTAN

Pablo Jofré

Han pasado más de dos décadas desde los ataques de la OTAN a Serbia por el conflicto de Kosovo, pero las situaciones de antagonismo y tensión étnica siguen teniendo una palpable y cotidiana presencia, como lo demuestra incluso un hecho que parece banal, pero que desata esas pasiones, como fue el tema de tránsito de vehículos serbios por la zona kosovar y la resistencia de los habitantes serbios frente a esa medida. Hoy en Kosovo, como a fines de la guerra de agresión contra Serbia, al caminar por las calles de su capital: Pristina, es difícil distinguir algún signo que delate, que alguna vez hubo autoridades yugoeslavas.

No se hablaba de país, en aquel ya lejano 1999, pero tampoco ninguna persona dejaba de pensar, que más temprano que tarde, la independencia, más que una amplia autonomía, sería su estatus jurídico-político. Tanto en Pristina, como Pec o Urosevac cientos de flamantes vehículos todoterreno con la inscripción UN (United Nations) daban muestra de quien mandaba en esta zona: suecos, nepaleses, legionarios franceses, turcos, noruegos, británicos, españoles, jordanos, argentinos enlistados en la Legión gala y estadounidenses cruzaban, en interminables idas y venidas, las polvorientas, sucias y malolientes calles de una ciudad sin orden arquitectónico, pero que mostraban la nueva imposición político mundial. Escenario que poco se ha modificado.

En la actualidad, sólo el 40% de los países que conforman la ONU reconocen a Kosovo como una república y sin embargo el estatus político diseñado por las potencias occidentales se mantiene incólume. En cambio, ese 60% restante, donde sobresale la República Popular China, Rusia, la propia Serbia, la enorme mayoría de los países americanos, africanos y asiáticos, no aceptan la declaración unilateral de independencia del año 2008 ni reconocen a una llamada República de Kosovo como un Estado soberano. La Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización para la Seguridad y Cooperación de Europa (OSCE) y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) con su intervención en Kosovo, el año 1999, direccionaron la autoproclamación independentista de ese territorio. Región, hasta entonces, parte del estado serbio – una provincia – que gozaba de amplia autonomía, enclavada entre Albania, Montenegro, Serbia y Macedonia, donde las pasiones políticas y étnicas se presentan maximizadas, a un par de horas de vuelo de la opulenta Europa Central.

Tuve la oportunidad de viajar por los Balcanes y en específico por Croacia, Serbia, Kosovo, Bosnia Herzegovina, entre otras partes de ese interesante mundo, en las postrimerías de la guerra de agresión contra Serbia el año 1999 cuando los ecos de la operación Fuerza Aliada, entre el 24 de marzo al 11 de junio de ese año 1999 significaron la muerte de al menos 6.000 serbios, el 90% de ellos civiles, la destrucción de parte importante de su infraestructura industrial y militar. Una agresión unilateral, iniciada por la OTAN sin autorización alguna de la organización de las Naciones Unidas (ONU) y su Consejo de seguridad. Acciones consideradas crímenes de guerra y que fueron cuestionadas incluso por la ex Fiscal del Tribunal Penal internacional para el ex Yugoslavia, Carla del Ponte, quien señaló que los bombardeos contra Serbia fueron ilegales.

Esa región de los Balcanes, surcada de historia, de luchas, de conflictos, de proyectos de unión y una vuelta a la fragmentación requiere ser analizada en profundidad. Una mirada superficial nos deja en penumbras. “Cuanto mayor es la obscuridad, menos racional y más terrorífica es la resistencia”. Las palabras del periodista-escritor estadounidense Robert Kaplan, suelo traerlas a colación al hablar de los Balcanes, pues expresan simbólicamente, en su libro “Los Fantasmas Balcánicos” no sólo la visión política de una región que se expresa simbólicamente en la descripción de la treintena de Monasterios ortodoxos serbios en Kosovo, sino también la realidad de toda la península que se extiende desde Istria hasta el estrecho de los Dardanelos. Una existencia inalterable a lo largo de siglos de opresión, muerte y ocupación por distintos amos. Obscuridad ante la visión mágica religiosa de las creencias ortodoxas, pero también ante las escenas de espanto y crueldad de siglos de avasallamiento de los imperios otomano y austrohúngaro, además de las rivalidades entre vecinos, que se describen con crudeza.

La tensión vivida en estos últimos días entre Serbia y Kosovo, en esta ocasión debido a las restricciones impuestas por las autoridades kosovares a la circulación de vehículos serbios, es una muestra evidente, que la paz aparente que se vive en la zona puede estallar en forma violenta, ante la primera situación que crispe los nervios.

Ímpetus nada de pasivos, sobre todo en las fuerzas policiales y militares tanto serbias como kosovares, que día a día se ven las caras, apenas separados, por ejemplo, en uno de los sitios más emblemáticos de la región sur de Serbia: el río Mitrovica.  La circulación del Euro como moneda oficial, sin ser Kosovo parte de la eurozona, la eliminación progresiva de las instituciones públicas y privadas serbias y la sucesiva desaparición de todo rastro del estado serbio en el territorio de 10.908 kilómetros cuadrados mostraron, que en la otrora provincia serbia se concretó el plan fraguado en Bruselas.

FUENTE: Hispan TV.

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